fue hundida por un submarino alemán, lo cual llevó a que rompiéramos relaciones con el Imperio alemán. Algunos de estos temas fueron abordados casi contemporáneamente por Juan Bautista de Lavalle (1919) y Federico Alonso Pezet (1917-1920, vol. III, pp. 287-306); y en tiempos recientes lo han hecho Percy Cayo Córdova (2009, pp. 97-118), Germán Bravo Valdivieso (2007, pp. 239252) y Ernesto Morales Erroch (2004, pp. 56-64; 2006, pp. 107-124). Lo que ahora presentamos busca dar una nueva mirada a aquellos aspectos propiamente militares de la guerra que nos afectaron. 2. AL CAMPO DE BATALLA El 28 de julio de 1914, un mes después del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, el Imperio austrohúngaro declaró la guerra a Serbia. Lo que pudo ser un conflicto limitado al espacio balcánico quebró el delicado balance europeo y en menos de un mes se habían conformado dos bloques en lucha, el de los Poderes Centrales, formado por Austria-Hungría, Alemania y Turquía; y el de los Aliados, constituido por Serbia, Montenegro, Rusia, Francia, Bélgica y Gran Bretaña, a los que se sumó Japón el 28 de agosto. La guerra habría de durar hasta noviembre de 1918, y en su curso, Bulgaria se unió a los Poderes Centrales, mientras que Italia, Grecia, Portugal, Rumanía y Estados Unidos lo hicieron a los Aliados. El ingreso norteamericano a la guerra arrastró a varios países del continente a endurecer su postura respecto a las Potencias Centrales, e incluso Brasil llegó a despachar una fuerza naval a operar con los aliados en aguas norafricanas. Pero al margen de ello, las colonias extranjeras encontraron diversas formas de apoyar a sus respectivos países, entre ellas proveyendo información sobre movimientos de naves enemigas. Asimismo, un número relativamente considerable de latinoamericanos se unió a la lucha. Las motivaciones para ello fueron diversas; entre ellas, el sentimiento de lealtad al país de sus antepasados, la simpatía por un país determinado o el simple hecho de encontrarse en la zona al estallar la guerra. Naturalmente, nuestros representantes diplomáticos y consulares en Europa también vivieron de cerca la guerra. Quizá no sea posible averiguar cuántos peruanos tomaron parte en ella, pero ciertamente no fueron pocos. Conforme se fueron declarando las hostilidades, las embajadas de cada país involucrado convocaron a sus ciudadanos para que prestaran servicio militar. Muchos de ellos habían 104
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