El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

4 EL PERU. ILUSTRADO. de pólvora p~rmaneció inerte, mudo! El 1 seguida en todas sus otras representacio- eomandante More pide una mecha para nes: no es la niña de lozanas mejillas, lá- correr personalmente á darle fuego; pe- bios rojos y ojos serenos, coronada de ro ........ ya el enemigo estaba encima! frescas rosas, que los innumerables artis- Unicamente cuatro hombres de nuestra tas que le precedieron y le han seguido, 1)arte sostienen el tiroteo, y es imposible han ofrecido constantemente á irnestra luchar cuerpo á cuerpo con toda la masa contemplación: es la vírgen asceta, que enemiga. ¡Alto el fuego! grita el coronel dormía en un lecho formado de leños; que Bolognesi. ¡Alto el fuego! repite el coro- quemaba sus pulidas rhanos con cal viva, uel Ugarte que, al correrá contenerfo, cae para que no fuesen tánto admiradas; que herido por una bala en el trayecto; y cuan- enredaba sus explendidos cabellos en un do el comandante Moore iba á dar la mis- clavo, para que la suspendiesen del suelo ma Yoz, una descarga enemiga lleva á su procurándole un dolor por cada una de sus pecho la bala que había de destrozar ese co- luengas hebras sorprendida en un arrebato razón generoso, y otra descarga hace caer al de estasis sublime, que le procura la ce- altivo Bolognesi que, pocos momentos des- leste aparición de su Señor en la forma de pués, fué ultimado con Ugarte. y todos los un precioso niño, que le lleva la palma de demás heridos que no podían moverse. eterna gloria que le han alcanzado sus he- Así murieron esos valerortil)S jefes, fieles roicas virtudes. siempre á su bandera, á su honor y á su consigna; y así terminó esa plaza fuerte, después de tres días de ataque en que el enemigo tuvo que quedar espantado por la energ1a, resolución y firmeza de sus no- bles defensores. Hoy, el Morro de Arica es tan solo un monumento de glt)ria para los buenos pe- ruanos! --·- Santa Rosa de Lima. Distínguese este precioso cuadro por la novedad de la concepción, la pureza, co- rrección y firmeza del dibujo, la naturali- dad y soltura de los pliegues, la armonía de los tonos, la perfección y la sobriedad de los detalles. El macerado cuerpo de la santa se adivina á través del tosco sayal dominicano que la cubre, su rostro dema- crado se eleva al ciclo y sus ojos ilumina- dos por la fé más ardiente, se elavan en la celeste visión que la estasía. El Dios-niño que contempla, no es un niño común de Esta es una de las principales, si no la carne y hueso: es un ~ér ideal~ vaporoso, obra maestra, del malogrado artista pe- cuyas carnes parecen transparentes y cu- ruano don Francisco Laso, el más inspira- yos vagos coi tornos se pierden en la ce- do sin duda de los pintores nacionales. Al lestial luz 1íe vuelve. No hay más decie tal, no desconocemos ni el talent(,. ({ ue esa~ os figuras ·=t tela: la mortal ni la ciencia del color, que distingue á' ~·fo- y hu~1~ana ?e ~fosa y la leste y di,·ina rino, ni la habilidad esuénica de Mo t1tero. del mno; m mas detalles, una pobre En esta representación de la vírge'=1 lime- silla de paja, producto prim :\ de ia ña, se ha apartado Laso de la tradición ebanisteria nacional, sobre la que ' .. I • \ . grueso libro forrado en pergamino, las cartas tal vez de Teresa la divína, y el piso del cuarto formado de toscos y rotos ladrillos; y, sin émbargo, el cuadro es com. pleto; porque el verdadero talento, iba:nos • á decir el fjenio, no necesita apelar á vul- gares artificios de minuciosos detalles, que la mediocridad necesita para disimular su impotencia. A Lasu le bastó una figura. sobre un fondo unido-el fridio-para arrancar un aplauso al terrible Gustavo Planche: otra figura-la de Santa Rosa- bastárale para 0btener la admiración de los pósteros, si los contemporáneos se la rehusaran. La Bil>lioteca N aciónal de Lima posee hoy este h<i'rmoso cuadro, y lo conse1Ta como una verdadera joya del arte, digna de llamar la atención de los maestros. Y pa- rece cosa providencial: él fué la última obra de Laso! -- ~n un album. Mejor que las románticas canciones De un vate, cuyo númen no es gran cosa, Serán ¡oh niña de la tez de rosa! De mi ·afecto las francas espresiones. Que no mueran jamás las ilusiones - En tu. alma juvenil y candorosa; Que del mundo en la escena borrascosa Hagas de amor latir los corazones; Que disfrutes de honores y fortuna; Que afanosos te busquen los placeres; Que no halies de aflicción hora importuna; Y que te envidien todas las mugeres, Y si con esto, en fin, no estás contenta, D0te Dios ......¡la vejez de. la pimienta! RICARDO PALMA•

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