El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

l 8 Amor de redondel. (A modo de novela) AL DOCTOR DON MANUEL MACEDO. EL PERU ILUSTRADO. suertes á sus semejantes. Quiero formar en filas, y matar gente, matar hasta ven- cer ó morir. El general, con sorna intencionada, aprobó la resolució~1 ~el t?rero, y lo ma,n- dó en calidad de d1st111gmdo al batallon "Junin N.º 1" de línea. II Cumplido-;; tenía sus 28 años, y si ganó en el desarrollo muscular no redujo á cero d renombre en las plazas contiguas á ln. de su provineia. Francisco Ccolqque nació en En Lima, cómo se cruzan las irnpresio- las faldas de un nevado perpetuo, re<.:ibien nes del ánimo! Variantes todas sobre un do de la uatur.dcza <.:ar[Lder tétrico reco11- mismo tema: placer y feliddad. centrndo, casi frío; pero al salvar las coli- Lima comenta con ternura un balazo . nas y llegar á la pampa sintió en sus ve- que un gringo se aplica corno portant~ al nas el fuego de la sangre andaluza. otro mundo, y se lasc;ima cuando ~n chrno La bravura de los brutos de la montaña se balancea ahorcado por su propia mano sublevó la fiereza de su instinto, y Pancho para viajar á 'ronquín; más, lueg:o, la se hizo torero. Lit. .fiesta de San J mm Bau- Mascota ó Bocaccio, la alegre r\)merrn de tista, patt'Ón de su pueblo, se festejaba con la Exposicióu, ó el listín de. los toros l.e lidias de t(lros y carreras de cencerros; en cambian la escena, y le varian ~l sent1- Jas plazas impr.>visadas, dejó nombre de miento. La gran capital encierra el Perú, temo·at'ÍO, por sn arrojo, y fué admirado d(lnde se condensa el bullicio de toda la por su ajilidad para burlar la dirección de Hepública. la furia. Sus mujeres sueñan en un campo en 1vfagnética er¡t la fuerza Cie su pupila cuyos matices se alternan confundidos negra, pues ~ a en ojo;; grandes y rasgados, muchas veces, lo serio y lo superfluo. sombre idus d l>blemente por larga pestaña La limeña es grande, heroica si se trata y por arquea la ceja. de acciones elevadas y nobles: es niña Buc1..>s castaños, rizados éomo la• onda cuando desciende al nivel de las peq ueñe- del lago, y empolvados por la tierra, caían ces de la vida. Alarga la mano ~l desgra- en graciosa melena sobre su horn bro ador- ciado; alivia m:a dolencia, besa la frente nando su cabeza, á la que servía de pedes- de las víctimas del clolo1·, y después re- tal, magnífico talle esbelto y porte aristo- parte su.s niñerías entre las moda~ que crático. confecciona madama La roche, sus ele- Francisco no vino al mundo para ter- gantes sombreros, los jnyeles de las vi- minar su existencia en ignorardo rincón, y driEI'as de Ba<.:igalupi y las alabastl'inas alguno dijo á su oído ¡Lima! mesas de la heladería ele Capella. La alegre plaza de Acho era el teatro Cuando se trata del Acho, Li.na es la de aquel actor, y desde que escuchó lapa- Babilonia del entusiasmo, y si ainda se lab!'a mágica-Lima, su ideal querido, beueficia á una compañía d~ Bomberos, se reconcentró en aquellas cuatro letrns esos esforzados campeones del ntlor, el que dicen placer, ventura, contento, norn- desprendimiento y el heroismo, el p~hlo bradía, gloria y fortuna ¡Lima! enloquece para dirijirsP á la plaza histó- Llegar á sus playas aro:-náticas, sentir rica. lastra; su mirada de león detiene por unos segundos al bravo animal, y luego una, tres, seis, diez suertes. La plaza repercute salva de aplausos, que llegan hasta el cerro de San Cristóbal. Ya saben todo.s que ese es PanchoCcolqque. Todos lo llaman; su nombre se repite con entusiasmo, y ese día. Pancho que al llegar á Lima ha traducido en Plata su apellido indígena, recibió el bautismo del público para ser su ídolo, Paco de Plata. No es un nombre prosaíco para un to- rero. El público ha simpatizado con él. Nada de sobre nombres, cuaudo mús un agregado, como aclaración em uhlmátíca. Paco de Plata el gallardo, el fachoso, el inmortal. Debía matar el quinto toro. Al cuarto, púsole las banderillas con la limpieza del rnarstro Váldez. Le llegó el tun.10 "Tra- ga leones" acometió y fué muerto por Pancho Plata como un hnmilde cordero al que troncha 'vibrante rayo en una tar- de tempestuosa. La hoja del acero traspasó el corazón del bruto, y ahí no más, lanz::i.ndo ho- rrible mujido, q 1rndó sin vida el animal dominando el torbellino del circo. El pueblo pierde el juicio c•1ando vé víctima á la fiera con rapidez semejante. ¡Paco de Plata! ¡Viva Paco de Plata! Circulan las butifarras, el agua de bvrros, el emoliente, el doctor,-Todos trmcan á la salud de Pac0 de Plata.. ¡Viv8, Paco de Plata! 'foJas las galerias lo llaman, IJt1ñaclos de lucientes soles caen ú sus piés. En aquul momento Slll1rE:mO el tPreTO clirije su mirada á umi g;tleria de ht. ízquiE,rJa. Ma.q1iinalmente se llevó la mano al pe- cho, y arrojando bocanada de aire com- primido, cual rl' soplic1o de locomotora contenida, sacuJió la cabeza como par<t desechar algo mortificante. su ambient3 ern briagador, era trasportarse Ei·a una tarde de toros. al mundo desconocido que nos aguarda con Los listines prometían muchc. Espa- III porta.da ele inmortnlid,1d. das, capas y banderilleros estaban rcco- Es la décima vez que Pancho Plata Pero Pancho no contaba monedas, y el mendados en letras de molde, y solo un sale á la plaza. Tan pronto. y ya es un siglo pregunta á los huéspedes iCnánto nombre quedaba en blanco. veterano, y á su aparicién lo saluda tienes? para darles patente. -Será Papito el monta tores? se decían el público con la salva generosa de s~1s Una circunstaneia favoreció al to,.ero. todos, y los niños, partidarios declarados palmas. La guerra ci,'il ardía con llama c~l-da de }!apito, repetían alegres, arrojando las Pero Pancho está taciturno. Su m.ira- vez mCts elevada. gorras _al aire,-¡Papito, sí, Papito! da es fosforescente: s~1s la.bios están se- El aguerridó ejército constitucional, El .circo q ued6 repleto de gente. Los cos y su andar es descuidado, distraído. cmzaba las ngrestes solcdadf..o<s del interior, clarines dieron la voz de salidü y las cua- H~t. pasado la noche anterior con sus sin otro equipo que su pn.triótisrno, sin drillas ele á pié y de á caballo, se encami- amigoa en la pnl1rnría del italiano Ha- más aliento que su fé en los grandes eles- naron á la venia de la Municipalidad. En- bichí, que tan ex.·lente mosto propina. tinos de las uaciones. tre los toreros se adelantó un gallardo m<J- Se ha hablado de la próxima corricla, y U na mañana, Panch:> alirazó á sus dos zo ele bigote perfectameutt> poblado; vestía Paco, dirijiéndose á un compaílerv s~1yo hermanitas, Marí;:i y Manuca, las besó en ropa grana con bordaduras de plata, me- tan valiente cómo bondadoso, le ha la frente, y les dijo:-Adins, pidan le á la día blanca, zapatilla de terciopel0 y gorra dicho: drgen de Ja Cueva Santa q 11e me guíe, y I de ídem, con cintillo de similot· ülanco. -Esta es mi última noche. Mafiana alguna vn llegarán ustedes á Lima. j Ese es nuevo! Torero nuevo! decían dormiré bajo tierra después de balan- Después, partió, alegl'e y satisfecho co- todos!-y diez mil ojos se dírijian hácia el cetu·me sobre las lanzas de "Invenci- mo quien lleva actas unipersonales y \"Ú á torero, que aquella tarde haeia su debut, ble". No olvide, compañero, mi encar- sentarse en las poltronas del souernno sin anuncios, sin recomenclatión, para to- go; y bebamos á la bu811a salud de los congreso. dos desconoc.do, aun para casi todos SL~ muertos. En a1uella focha, el general, director de mismos compañeros de art:>. -De los vivos querras decir, cbico,- la guerra, pernocta.va en Apurimac, <.ks- Salió el bicho: una, seis, diez suertes de arguyó Pe¡)e,--y no hablemos aqui sino pués de la penosa jornada de las zetas y á caballo; suena el clarín, y los de Ít pié de sacar suertes á la suerte. el puente de coltt7npio. adelantan: Francisco P Jata el torero de Ja -Hasta mnñana,--dijo Pancho to- Pero, á Francisco no debía oponérselc montaña, seguirá á Pichilin y á Pastrana mando su sombrero de ancha ala. Al si- llificultad. Estaba resuelto á todo. el gallardo. Es la primera vez que Fran- guiente día llegaba tal como lo hemos Llegar á Lima era su objeto. cisco luchará con la fiera sujetando sus presE.•ntado. ·-l\1i general,-dijo llegándose al con- movimiento.3 al arte y á la elegancia rle El bicho eg un le6n por su brttvura, y ductor de las huestes, -presente E rancis· gran torero. azabache es s~1 <.:olor, si color puede lla- co Ccolqque, · torero de los pueblos que, Francisco conoce yá su puesto. Acorné- marse el l1egro. cansado de burl:tr al animal, <1uiere sacar tele ':Cien 'rayos''; se para firme como pi- 1 Lo reciben los de á cabaJlo, suena la

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