El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

2 Eduardo R. Francia-Pisco. Isaac Portugal-Lampa. Buenaventura Reas-lea. Jósé Luis Torres-Ilo. Nuestros grabad<)S. Con verdadera satisfacción damos hoy el lugar de preferencia entre nuestros gra- bados al retrato del ilustre limeño D0ctor Don Felipe Pardo y Aliaga, á qui en la política y las letras nacionales deben los más importantes servicios. En el correspondiente lugar ha11arán nuestros lectores algunos apuPtes biográ- ficos del señor Pardo. En la página cuarta publicamos con el nombre de « Un niño de Jeve» un gracioso episodio ilustrado, acontecido en las cé- lebres misiones de la América Central. Un grabado que representa al Carnero Merino Americano, y otro la fachada de la hacienda Facalá situada en el valle de Chicarna y perteneciente á los señores Pflücker y Madalengoitia, son Jos que apa- recen en la página 9 del presente número. Las explicaciones de ambos grabados van incertas en el correspondiente lugar. Un tipo muy popular, feliz ensayo de un jóven aficionado que se inicia en el di- bujo; y el gracioso episodio amoroso titu- lado «La11 capotasn, representando en dos elocuentísimos cuadros uno de los incon- venientes del uso de las capotas y la ma- nera más segura de remediarlo, snn los grabados que en la página 12 terminan esta sección en nuestro presente número. * * * DON FELIPE PARDO Y ALIAGA. Don Felipe Pardo y Aliaga, hijo legíti· mo y primogénito d~ Don Manuel Pardo Ri vadeneira, natural de Galicia en Espa· ña y Oidor de la Real Audiencia de Li· ma, y de Doña Mariana de Aliaga y Bor- ds., hija segunda de los marqueses de Fuen- te hermosa, nació en esta ciudad el día 11 de Junio de 1806. Promovido su padre á Regente de la del Cuzco en 1810, pasó con él á esa ciu- dad, en la que permaneció hasta 1816, año en que este volvió á Lima. Durante su permanencia en el Cuzco hizo sus estudios de primeras letras, en las que tuvo por maestro al cura Don Luis Babilón, que vivió hasta hace pocos añ s. De regreso á Lima ingresó al Semina- rio de Santo Toribio, del ,que era Rector su padrino Don Ignacio Mier, Arcediano de e&ta iglesia metropolitana, y en él cur- só los primeros elementos de latinidad, filosofía y matemáticas. En 1821 se trasladó el Oidor Pardo con toda su familia á Españ.a, y en l\la- drid entró Don Felipe al famoso Colegio de San Mateo, en el que tuvo por maes- tros á Don Alberto Lista y á Don José Gomez Hermosilla y por colegas, entre otros, á Espro.nceda, Vega, Escosura, Ochoa, Pezuela y Leon; y cuando ese cole- gio fué suprimido "por un espíritu reac- donariarnente meticuloso," segun Escosu- ra, continuó Lista en su casa, la educnción de cuatro de sus predilect1,,s discípulos~ que fueron Pardo y les tres primeros anteuom- brados. Por aquellos afios se estableció la Aca· <lemia liternriu del Mirto, de la que fué EL PERU ILUSTRADO. Pardo secretario y miembros, además de sus antiguos colegas de San Mateo, Larra, Bretón de los Herreros, Segovia y Alonso. Terminada su educación en España, re- solvió Don Felipe volver á su pais, «que jóven como él y como él lleno de esperan- zas, se abría á la vida, convidando á cada hombre con la realización de sus sueños dorados entre las nieblas del porvenir,n se- gun la bella expresión de su hijo Manuel y pisó nuevamente las patrias playas en 1828. Y a en Lima y mientras se preparaba para recibirse de Abogado, dicto un curso de filosofía y matemáticas en su antiguo Colegio de Santo Toribio, del que era aun Rector su anciano padrino el señor Mier. En 1829 se reeibió de abogado y se in- corporó en el ilustre Colegio de esta ciu- dad. Comenzó su carrera pública en 1830, como Secretario de la Legación del Perú en Bolivia, de la que era Jefe Don Manuel Ferreyros. En 1832 sirvió la oficialía mayor del Ministerio de Hacienda bajo Don Andrés Martinez, que tenia la cartera de ese ra- mo. En 1835 fué nombrado por el Jefe Su- premo General Salaverry, .Ministro Ple- ni poteneiario en España y encargado con igual caracter, de una misión cerca del Go- bierno de Chile, en cuyo ejercicio le sor prendió la derrota de Salaverry en Soca- baya y su subsiguiente ejecución en Are- quipa. Permaneció en Chile como emigrado, hasta 1837 en que con el caracter de Se- cretario general del Jefe Supremo General Lafuente, volvió al Perú con la primera expedición chilena, que para combatirá la Confederación Perú-Boliviana se dirijió ese año sobre .f\.requipa; y con la que re- gresó á Chile despues del tratado de Pau- carpata, que le dió término. Volvió con la segunda expedición sin empleo ninguno, en 1838; pero se separó de ella en Ancon con el Coronel Vivanco y otros peruanos, que rehusaron acompa- fiarla en el ataque de Lima, que se reali- zó el 21 de Agosto de ese año, y regresó á Chile en Noviembre del mismo. En el siguiente de 1839 y despues de la batalla de Yungay, que dió fin á la con- federación, volvió al Perú con su familia; pero ~lo se le permitió permanecer en Li- ma, obligándosele á salir nuevamente des- terrado por el Mariscal Gamarra, Presi- dente provisorio á la sazón. Al fin 'én 1840 y despues de establecido el régimen legal por la Cor.stitución de Iluancayo, le permitió el mismo Mariscal Gamarra, ya Presidente Constitucional, residir en Lima y aun le nombró Vocal de la lllma. Corte Superior de este distrito judic;ial. Poco tiempo pudo dedicarse Pardo al ejercicio de la magistratura, pues en 1841 se le expatrió nuevamente, á consecuencia de la revolución que estalló ese añn en Arequipa, en favor del Coronel Vivanco, ~on quien ligaba á ~at·do la mas estrecha amistad y por el que tenía la mas ardien- te admiración, como lo manifiesta su mag- nífica composición titulada La Lámpm·a, años despues escrita. La amnistia . proclamada pm· el Presi- d.ente Menendez dcspucs. de la <lerrota y muerte de Gamarra en Ingavi, abrió á Pardo las puertas de la patria; pero fué para ir á buscar en las aguas de Yura ali- vió á las dolencias, que desde muy jóven venianle aquejando, y que, de más én más exacerbada con el tiempo y las amargu- ras de su agitada existencia, convirtierón- se al fin en una parálisis, que poco á po- co fné invadiendo todos sus miembros res- petando solo su poderoso cerebro. Estando Pardo en Yura se realizó el tan unánime como incruento movimien- to político, que llevó al poder al ya Gene- ral Vivanco, con el título de Supremo Di-· rector de la República, el cual le nombró su Ministro de Relaciones Exteriores en 12 de Abril d~ 1843. A la caída del Go· bierno directoria! en 1844, tomó nueva- mente Pardo el bordon del peregrino y se dirijió una vez más á Chile. Restituyóse al Perú en el siguiente de 1845; pero apenas llegado á Lima fué en- viado aún á Chile, no ya como desterra- do, sino como Ministro Plenipotenciario de la República, cargo que le confirió el Presidente Mariscal Castilla, y que desem- peñó hasta el año dtt 1847 en que fué lla- mado por el mismo, al gabinete, como Ministro de Relaciones Exteriores. Su salud, cada dia más quebrantada, le obligó á renunciar el Ministerio en 1849 en cuyo año fué elejido por el Ccmgreso, Consejero de Estado para el periodo de ese año al de 1853; pero por la misma causa, tuvo que · pedir licencia á ese alto cuerpo para ausental'se del Perú y salió para Europa en 1850. Regresó definitivamente á su pais en 1853, y aunque ya ciego y balda~o, fu~ reelegido por el Congreso ConseJero de Estado, para e~ periodo que debía cor.re ~ de ese año al de 1857; pero que te rmmo violentamente con la caída del Gqbierno Constitucional, el 5 de ~nero de 1855. Con él terminó tatnbien 1 vida pública de Don Felipe Pardo. El 16 de Febrero de 1861, á propues- tas de los académicos Roca de Togores, Pezuela, Bretón de los Herreros, Vega, Segovia, Ochoa y Mora, fué elejido indi- viduo de la Real Academia Española en la clase de correspondiente extrangero, siendo el primer peruano que recibió tán insi<Tne honra, que no compartió con otro alg~no en el Perú durante sus dias, y que solo disfrutaron en la América española á la vez que él, el mexicano Pesado y el venezolano Bello. La vida de Don Felipe Pardo, que du- rante un cuarto de siglo fué un contin~a­ do martirio, sobrellevado con una resig- nación que solo ¡HidieTa darle su ardien- tísima fé católica, terminó en la primera hora del día 25 de Diciembre de 1868. De su matrimonio, celebrado en 183~ con la que es hoy su respetabilísima viu~a Doña Petronila de Lavalle y Cavero, h1Ja del primojénito de los condes de Premio Real, dejó cuatro hijos: 1. 0 el ilustre Don Manuel, Presidente de la República de 1872 á 1876, asesinado el 16 de Noviem- bre de 1878 en el vestíbulo de la Cáma- ra de Senadores, que pre11idia: 2.• Doña Mariana, fallecida en San Petersburgo en 1875, mientras su esposo Don José Anto- nio ele Lavalle, ejercía e] cargo de Minis- tro Plenipotenciario df la República en esa corte: B.ª Doña F~ ·ancisca, viuda hoy

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