El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

se:fiora Rosenda para rogarla que me per- mitiese tomar parte en una cuadrillé¡, llevando por compañera á su adorable hija. -Con tanto gusto-accedió-pero en- cargo á usted que comprometa para el vi's-a-vis al SEÑOR DON FULANO, aquel ca- ballero que ha presentado á usted el se- :fior de M*** -SEÑOR DON FULANO!-pensé-Bra- vo! es el mismo que he visto anhelante frente á los balcones de esta se:fiora, una vez, y en la carretera, el 2 de Mayo, otra. Y contestando, -Voy á intentarlo,-dije. -¡Fulano, don Fulano, Señor don Fu- lano!-Expresiones que se grabaron en mi cerebro y que me recordaban tres fe- chas bien distintas! Aunque visitante de la opulenta viuda dofia Rosenda, poco ó nada conocia su historia intima. Que era rica lo decía su porte y el me- naje de su casa ..... . Tenía una hija..... . Muchas amigas ..... . Hé aquí todo lo que yo sabia. EL PERU ILUSTRADO. v. Cuando me acerqué á proponer al lla- mado Señor don Fulano que me hiciera frente en la cuadrilla, aceptó cortésmente. Durante el baile, Matilde le devoraba con los ojos; él permanecia impasible, in- diferente. Mi curiosidad creció tanto, tanto, que una vez expedito, me acerqué á mi ríue- vo amigo, reiterándole mis agradecimien- tos por su complacencia. Pocos momentos despues hablábamos con alguna franqueza. -Conoce usted á la sefiorita Matilde? -le pregunté. -¿Usted parece ser íntimo amigo de esa familia?....:_preguntóme á su turno. -Sin el calificativo de íntimo. -Con perdón de la pregunta indiscre- ta; ¿acaso es usted ... ? -Veamos! -Pretendiente de ...... ? -Ah! nój amigo mio. -Parece que hemos simpatizado-díjo- me, mirándome fijamente con aspecto es- cudrifiador-propongo á usted tomar un ponche, y si es afecto á escuchar cuente- 9 cillos de salón, me será grato referirle uno de circunstancias. - De mil amores. Y mientras marchábamos á la sala de refrescos, repetía yó inmente: ¡Fulano, .Don Fulano, el Señor .Don Fulano/ VI. Apurado el ponche y cómodamente si- tuados en anchas butacas, mi nuevo ami- go cumplió su ofrecimiento. -Unjóven honrado de presente y ante- cedentes, poseedor de una módica fortu- na, se enamoró pérdidamente de una se- ñorita en idénticas condiciones á las de Matilde ... ahora cuatro años ... : .. -Como! ¿pues han variado?_:_no pude . ménos que interrumpirle. -No volveré á hacer alusiones-me contestó, eludiendo-continúo. La ama- ba perdidamente y solicitó ser presentado á su casa. La orgullosa madre y ella mis- ma, informadas de la humilde posición rentística del solicitante, buscaron pre- textos para negarle la entrada. Una mon- ~ña de hielo que cayó sobre el corazón del jóven con tal negativa 1 no pudo apa-

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