El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias

8 Morir.. Morir es dE>spenderse por medio de una sorpresa y terrible crisis. de las prendas del hombre para ve!3tir las del ángel; es la transformación de la naturaleza hu- mana en naturaleza superior; es purgar- se de elementos grosc·ros y ma tcriales qara hacerse mús y mnR i::<mej::inte ú Dios; es .scmetel'Se á una rrueba, ni ruás ni ménos que la de envejecer, que c-n opi- nión los hombres, es cleclina.r y acercarse á Ja tierra, al }Jaso qt.le, según la religión, es elevarse, coecer y aproximarse al cielo. DAMIRÓN. Caton. (ALAMMANI.) A Catón, el estoico inexorable llegarónle á decir cuando moría: «¡El brazo ten; no hieras, mi~nable; César es generoso; á él te confía .11 Y respondió: «Romano yó y Catón, No huyo de su ira ... ¡evito su perdón!» Juuo s. HERNANDEZ. Mujeres anuncios. EL PERU ILUSTRADO. Y pnfs vá de favores, imagino que no babrft inconveniente para que me repu- ten un chico cle;,;preocupado. sin que ello diga contradicción con mi .c~racter un sí és no és observador y mahc10so. Vamos al cuento. La señora doña Rosenda, frescota cua- rentona p · iclaria decidida del gró, de los brillan s y de los puros habanos, no embargantes su sexo y calidad, mimaba extremosamcnte-y curnta lo de minaba -á la única heredera de sns aficiones y de la fortuna paterna. . La sefiorita Matilde era una alhaJa. Rubia de azules ojos, uerviosa con excso, gran lectora de novelas filosófico-sociales, amiga do muchas amigas, de modas y modistas y teatro y coches y ......ustedes dirán. Educada eommc-9i comme-ra por las monjas francesas de Belén y perfecciona- da por el maestro de piano, los bailes de gran tono y una veintena de despluma- dos Lovelaces que aspiraban á tan buen partido; la señorita Ma tilde hacía furor en el estrado. en el palco, en el parque de la exposición: tanto en la tertulia co- mo en el paseo. ¡Diez y ocho años de vida, los últimos seis tan bien empleados. II. Se ha hecho en Paris el descubrimien- Era el 2 de Agosto 1872. to de una profesión nueva. La población de Lima, conmovida pro- Hace pocos días pasaban por ios bon- fundamente por los trágicos aconteci- ]Pvares diez ó doce muchachas, marchan- mientos del 26 y 27 de Julio, se estrecha- de dos en dos en correcta formación. ba en las calles, desde la Plaza principal Eran bonitas, graciosas, muy elegan- ú la de la Constitución, para ver pasar y tes. pero se notaba en sus maneras una vitorear frenética al E.ntónces popular timidez extraña Y todo el mundo se Jas candidato, que marchaba en triunfo, de quedaba mirando. ovación en ovación, á la Sala Legislativa, El misterio quedaba resnelto en cuan- ñonde se 1 e investir] a con la banda bico- to se las miraba por detrás. Llevaban lor, símbolo del poder supremo en la Re- bordado en la espalda. con letras muy pública. gra.nJes el nombre de un confeccionador De los balcones se arrojaron flores, co- de abrigos para señora. ronas y perfumes sobre ol prestijioso ciu- Aquellas jóvenes eran mujeres-anun-. dadano. cios ó mujeres sandwich, las primeras de En uno de aquellos balcones, en segun- su clase, que ¡1robablemente ll:gará á s?r do término, me r·ncontraba yo. Era en numerosa, porque como anunc10 no babia casa de la senma Rosenda. --~no más .leido '1 de que ~lis se habla- La señorita fliatilde y sus amigas cu- se qne el _del mgemoso f~bncante_ 1 brfan perfectamente la baranda; no obs- • A mei~da 9.ue ~oa mas ?errnosa ~~na tante. yo podía ver por los estrechos cla- mnjer-anu~, ~as .llamara. la atenc1~n; ros de cuupo á cuer1Jo lo quepas.aba en así es que 11eg!~1~ dia en que una mUJer la calle. · extraordin~riamel'l1.t, her~os_a gaua~á Un jóven de treinta años~ de seria fiso- cuanto qmern ded1cm.dose u anunc10 nomía y bien vestido, se empinaba entre ambulante. un grupo, atento á una mirada de la se- -•---- ñorita Matilde. Hoja suelt~- La señorita lo había notado, ror su- . _ "°' ! puesto; sus. ami~as tamb.ién Y, <.mchi~hea- Los OJOS verdes son los ojos. de la espe- ban entre s1, sofocando llgen.i.s carcaJadas ranza; los ojos turquíes son los ojos <J_el y tocá1:1~ose los codos~. sin que el ~nhe: ~udor; los º.JOS pardos son los ojos de la-..:.. !ante JO~en en espec~"á.t1va renunciase a tietra; los OJOS azules son los ojos del pa- fiJ. empeno. ,. l'aiso del amor. ' t:luando pasó el q,ortejo presidencial, los FRANCISCO GRAS y EuAs. grupa·~e deshiciéron para condensarse Fulano, non Fulano y el Señor Don Fulano. L La scfiota doña Rosenda, viuda de un l'ica comerciante, me hacía el favor de agazujarme en su elegante casa de vez en vez. Ustedes tendrán la bonJad de creerlo· aunque d-el curso de estos i·encrlon'.Js s~ desprenda lo qne se desrrende. b · en la PJh.za del Oongreso. · El jóvei q~dó casi solo. La señorita. Matllde volvió las espaldas con desdeños°'gesto, sus amigas la imi~ tf:ll'On; y apenas t,raspuesto el balcón. una carcajada unison;t, aguda, penetrante, el coro irónico de di?Z tiples, resonó en la habitación. · . Miré á la calle: e~ jóven se alejaba ca- bizbajo. -¿Qué significa, -intt rrogó doña Ros , esa algazara? ·-Nada, sefiora; es tado como nn poste, empeñado en salu- dar á Ma tilde. -Necio! -Pretencioso ! -Ridículo! - apostrofaron s·1cesiva· .ment·J aquellos ángeles. -Ah! FuLANo! - exclamó desdeñosa.- mente la señora Resenc1a, prestando as- censo con sn risa á la gen(ll'al expresión ... III. Se inauguraba el monumento del Dos de Mayo. Lüjosos carruajes enfilaban fila en la carretera. En uno de ellos, sobre cojines de ter- ciopelo, reclinábase la ostentosa viuda que he presentado á mis lectores. A su lado, cubría los rosados lábios con las suaves plumas del abanico, la señorita Matilde. dando frente á dos de sus ami- gas predilectas. Yo, curiorn pedestre, me acerqué á presentarles mis respetos hasta la ruf:;da del coche. Se me hizo ligeros cargos de fina polí- tica por mi aus.mcia de algunos meses. Mis ocupaciones y viajes, me dieron material para disculparme galantemente. Pude advertir entonces que las inquie- tas miradas de la señorita Matilde se :fija- ban á menudo en un punto. Seguí una de esas mirndas y descubrí, caballero en un brioso potro, al mismo jóven pálido y sério que h.tbía visto el 2 de Agosto frente á los balcoms de la se· ñora Rosenda. La señorita Matilde se a11crcibió de mi espionaje. -Hermos.o animal! - dijo para disi- mular, sin duda, el objeto que atraía su atencié'n -En efecto, la respondí: ¿quién lo ca- balga? -Es DoN FuLANo,-mc contestó, in- terrumpiendo, la señora Rosenda; jóven apreciable, á quien tendría gusto ele que se me presentara en casa. -Ah! DoN ]'uLANO, -exclamé esta vez yo, asaltado por una idea, la del 9b- servador-no le trato, señora! IV. Los estimables esposos lif*** obs2quia- ,.1?-::. {lltimamonte á sus numerosos amigos con una espléndida soirée. Al bajar, invitado, á la puerta de la casa, de un modesto coche de alquiler, me precec11an dos señoras que acababan de dejar el suyo, y en el que casualmente me fijé de lijero, pero lo bastante para cono- cer que no era un carruaje particular. Una vez en los salones pude, con ex- trañeza, reconocer en esas señoras á doña Rosenda y á la espiritual 1\Iatilde, á quienes presenté oportunamente mis cum- plidos. Se les trataba con la afabilidad de que hacen gala en su casa los esposos de M*** Estos tuvieron á bien presentarme á algunas sc:ñoras y caballrros que yo no conocía personalinente; e":quisita galan- tería que les agradecí infini'.o. De los segundos era un jóven sério Y distinguido, cuyas facciones simpáticas no me eran del tolo desconocidas. Vibraron las cuerdas de un sonoro y ar- mónico Pléyel, cuando me acerqué á la

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