El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
abundantísima en minas, aunque éstas se explotan poco; pero es de esperarse que con los frecuentes trabaios que la línea férrea de la Oroya recla;11a para la con- servación y el adelanto de ésta, se inven- ten nuevos veneros de riqueza pública en estas importantes regiones. Lo que es el pueblo de Matucana, ma- teria principal de este escrito y cuya vis- ta representa nuestro grabado, es uno de los principales que el viajero por el Fer- rocarril Trasandino encontrára en su trán- sito por esos lugares, pues la estación principal que lleva su nombre era un ver- dadero oasis colocado en la mitad del de- sierto para todo el que tenía que sufrir las penalidades y privaciones de un viage por tán heladas regiones. . Desde que los trabajos del ferrocarril habían llegado, á ese punto, el pue- blo de Matucana se hallab;i. en el más cre- ciente y rápido estado de progreso; pero desgraciadamente la guerra exterior y las contiendas civiles lo redujeron á escom - bros quedando tan solo en pié una parte del pequefio y antiguo templo y la esta ción del ferrocarril, tambien deteriorada en gran parte. Despues de pacificado el país, y un.a vez restablecido el imperio de la Consti- tución y las leyes, Matucana ha comenza- do á levantarse de nuevo, renaciendo, co- mo el fénix, de sus propias cenizas. Ac- tualmente, hay levantadas ya algunas ca- sas, tres regulares hoteles y otros peque- ños establecimientos comerciales que pro- veen de lo preciso á los habitantes de ese pueblo y en especial á las familias que á él acuden en busca de la salud, pues el clima de Matucana está especialmente re- comendado para las personas que sufren del pulmón ó debilidad en su organismo. *** TEATRO OLIMPO. Este nuevo teatro de Lima se halla construido sobre la área que ocupaba en la calle de Concha (3. ªde lea) la antigua casa conocida con el nombre de la ccCam- paña.» Su fachada, sencilla pero elegante, mi- de diez metros de ancho por doce de al- tura; y el resto de la obra tiene todas las condiciones de comodidad y buen gusto para el objeto á que ha sido especialmen- te destinada. La fabricación del «Olimpo» fué inicia- da por el señor Félix Armando Perez, quien la llevó á cabo á costa de no pocos sacrificios, comenzando la obra en Mayo de 1885. En su construcción tomaron parte Don Ginés Quiles como interesado en la contrata, Don Victoriano Denegrí, como arquitecto, y otros amigos del señor Perez, quedando terminada la obra el 6 de Marzo de 1886. El día 31 del mismo mes se estrenaba el nuevo TEATRO OLIMPO, con ccLa Mas- cotta,)> por la compañía de zarzuela Mon- jardín. Desde entónces han trabajado en ·él varias compañías y entre ellas la dra- mática de Duclós y la francesa de ópera, que actualmente funciona. E:l ccOlimpo)> ha recibido últimamente impurtantes refacciones, hechas conforme á las cportunas indicaciones de sus buenos emple.ados, siendo el edificio propiedad de los se.ñores Perez Hermanos. EL PERU ILUSTRADO «SALÓN LAFA Y ETTE.» El ciudadano francés Don Pascual de Ja Buissoniere, estableció en esta Capital, por los años de 1864., un "Restaitrant de Fran- cia" que, p<> r su decencia, comodidad y servicio muy esmerado, llegó á acreditar- e bien pronto y gozó de buena fama has- ta 1876, en que Don Pascual se decidió á trasformarlo en el salón do Bittors, lico- res finos y las afamadas cerezas del "14 de Julio," cuyo nombre encabeza estas lí- neas. Desde entó;1ces, el "SALÓN LAFAYETTE" es frecuentado diariamente por casi toda la colonia francesa de Lima y por cente- nares de personas de buen tono, que acu- den en busca del delicioso HEY DE Los B1TTERe, prepa1·ado por Don Pascual, en cuya operación es un prodigio que no tie- ne rival en el mundo, ni lo tendrá en as- tro alguno de las innumerables que pue- blan el (T niverso. El mimo salón que hasta ahora está si- tuado en la calle de la .Merced, N. º 285 cuenta con un magnífico billar para entre- tenimiento de sus numerosos parroquianc•s, y está elegantemente adornado con ricas lunas de Venecia y preciosos cuadros de oleografías, grabados y pinturas de di ver- sos estilos, Costumbres peruanas. Á ABELARDO M. GAMARRA. LA. PROMESA. Cuando el cielo fünpido y azul~do de Lima se cubre de estas nubes plomizas de i1Hierno y los dias tristes y lluviosos de- positan su gota cristalina en el verde fo- llaje de las ;ialmeras, el corazón se expan- de recordando aquellas lomas solitarias de la sierra cubiertas de nieve que, cual man- tos de plata dejan entrever de trecho en trecho, en las laderas, la cabaña melancó- lica del indio, en torno de cuyo fogón vi- ve, como la tranquila llama que calienta el aire, el amor poetisado por la misterio- sa leyenda de la PROMESA. El hombre y la mujer se aman, se dicen su amor y se prometen. Esto es igual en la ciudad alumbrada por el foco eléctrico y en la choza cuya oscuridad muere á la luz del relámpago, pero en la choza vi ve aún el afecto del corazón con el fuego que alimentó á los desgraciados con::.ortes del Paracleto. Vive el amor, sin el intermedio 1lel po- sitivismo, con los encantos de sus varian- tes en detalle que vamos á juzgarlos cir- cunscritos al lugar. II. Durante el imperio, el amor estaba lle- no de misteriosas manifestaciones, en las que tomaba parte ya una lagartija bajo el nombre de cchitt:-cca1·ayhua, ya en la for- ma de apasible paloma que en su dulce arrnllo insitaba la ternura de los amantes; 0 estaba atormentado por el siniestro ale- téo del murciélago llamado tuta maso que en la noche aterrorizaba á los espíritus su- persticiosos. Pero, la promesa que la civiliz:t0ión á enserrado en el con~abido aríto de oro con el no;nbre ó las iniciales ele l"s dos que se 3 prometen; esos esponsales sintetizados por el trueque del aro que tánto preocupa á las niñas en e~tado de colocación, esos se pactabau en c11 versas formas que todavía se conservan hasta ahora. En la provincia de Oanchis donde hé pasado la mayor parte ele mi vida y donde he sufrido los más grandes pesare~ de una existencia desventurada, queda la graciosa costumbre del baile de carnaval, ccashuay, que no es otro que la primitiva danza de los in._;as historiada en el famoso baile al rededor de la gran cadena de 01·0 que so- lemnizó el nacimiento de Huáscar. Existe la münna divi-;ión casta de hom.b1·es y mu- jeres, el mismo asalto intencionado de los tiempos imperiales, pues, las mujeres for- man una. rueda donde lucen la línda lliclla con tramas de colores, el jubón festoneado de cintas y la monterilla adornada con ri- cas franjas de oro y plata, En vanda opuesta forman los varones que con el fino poncho de mil puitos blan- cos, rojos, verdes, azules y vicuña, la mon- terilla lujosa, las ojotas con tientos corre- dizos y el chaleco vistoso con hileras de botonadur::t de metal, hacen el se()"undo coro á los yaravis del puellay. 0 ' Esta alegre fiesta consagrada á las sol- teras tiene su momento como el de las flo- res nacidas á la ribera del caudaloso río que inclinan su corola para besar la tran- quila corriente que las baña. A esa fiesta concurren los que se aman, y van en busca de la promesa. En el mo- mento dado, el varón arrebata la lliclla de la dichosa que, sin hacer resistencia, de- ja la prenda en manos de su amor. Si ella no reclama hasta el tercer día, la prome- sa queda sellada sin otro requisito, y es asunto tratado de padres á padres: pero, si la ñusta rechaza aquel matrimonio, al día siguiente del puccllay se presenta en casa del mancebo uno de los parientes cer- canos de la pretendida y exije la lliclla que le es devuelta en el acto. III. CANAS se singulariza porque las indias tienen el caracter más sombrío, y la pro- mesa se formaliza muy curiosamente, aun qne para ello ha de presidir ya el amor correspondido. J...1a escena de prometerse llámase tia hicuy, como si dijesemos plan- tar el cimiento. El pretendiente vá en c'ompañía de to- da su parentela, provisto de buena canti- dad de chicha de maiz y aguardiente á ca- sa de su amada: es de copete que los visi- tados se muestren esquibos, sérios y has- ta mal humorados como un Ministro de Estado en nuestros tiempos, y solo á fuerza de ruegos ceden para beber, más una. vez aceptado el primer jarro, beben largo y menudo. Junto con otros regalos vá una liunccu- ña con hojas de coca y un pan de chanca- ca qua se entrega á la. pretendida, quien és encerrada inmediatamente en una vivien- da, donde permanece entregada á sus me- ditaciones soboreanclo el manjar del dul- ce y la coca, signo <le la fortaleza y de la vigilia, como fué para Jos griegos la miel ática, el emblema de las virtudes y dulzu- ras dombticas, La parranda 1.'.S desconocida entré las de afuera hr•ata que la. noche señala con su
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