El Perú ilustrado: semanario ilustrado para las familias familias
cabo-roto, y de los que la décima que aca- bamos de copiar es una muestra. Pero no fué el príncipe de los ingenios españoles, coino generalmente se cree, el prinwro en escribir espinelas de esa espe- cie. Fué á fines de 1603 cuando apareció en Madrid El ingenioso hida,lgo, y ya, á principios de.l mismo año, hah:ían profusa- mente circulado en Se' illa coplas de cabo- roto. El creador de e5e género singular de 1Jrntrificación truanesca fué un poeta cala- vera, que tuvo trágico fin. Hé aquí su historia, que extractamos de un centón curioso. Viv:ía en Sevilla; en los comienzos del siglo XVII, un mozo inquieto y de regoci- jado ingenio, llamado Alonso Al varez el.e Soria, hijo de un jurado del mismo nom- bre. Burlón y maleante, gustábale el tra- to de la gente perdida, y hab:ía contraido el hábito de mofarse de todos. Para ex- tremal' sus burlas y darlas mayor escozor, inventó una jamás oida manera de versos, los de cabo-roto, hecha observación de que los bravucvnes y ternejales de Triana so- lían comerse las últimas sílabas de un pe- r:íodl), para hacer más huecas sus fanfar- ronerías. En 1603, y en una décima de cabo-roto, la primera que se escribió en castellano, ridiculiz0 Alonso Alvarez el haber some- tido Lope de Vega su libro El Peregrino á la censura del poeta Arguijo, buscando mentidos elogios, antes que advertencia y enseñanza. Como á 25 de Setiembre de 1604 hu- oiesen disparado un pistoletazo á Don Ro- drigo Calderón que, juntamente con Don Pedro Tranqueza, y Don Alonso Ramirez del Prado, hacían tráfico infame de los des- tinos públicos, y Prado y Tranqueza fue- sen reducidos á prisión, conservándose Don Rodrigo en la plenitud de su vali- miento con el monarca, Al varez no se pu- do contener, y le envió al poderoso minis- tro una décima de cabo-roto, aconsejándo- le pusiese su barba en remojo y se dispu- siera para un trágico tin. ¡Qué ageno esta- ba el aconsejante de que él precedería á ] )on Rodrigo la. in uerte ignominiosa! A1)daba por Sevilla un pobre ó bellaco, pidiendo limosna para San Zoilo, aLogado de los riñones. Habíanle puesto los mu- chachos un feo sobrenombre ó apodo: Lla- mábanlo el Tio C .... alzones. El pobre- te se enfurecía, y los chicos le tiraban pe- lotas de lodo y aun peladillos de San Pe- dro. Algun vecin(!) de buena alma, á fin de aplacarlo, le daba unos maravedises de li- mosna, y entónces el pedigüeño colocaba · en el suelo la imágen del Santo, bailaba al rededor de ella, y decía:-Yo. me llamo Juan Ajenjos, natural Je Córdova, y no soy el tio e. ... alzones que decís. Pues Alonso Alvarez tuvo la fatal ocur- rencia de poner ese propio mal nombre, uada ménoi:; que al Asistente de Sevilla Don Bernardino de Avellaneda, señor de Cast:rillo. Cunde entre el vulgo, llega á oídos del A~istente, y jura su señoría que el malan- drín poeta le ha de pagar caro la injuria. Promuévele un altercado en la calle; pone el amenazado piés en polvorosa; le sacan de Santa Ana, donde había tomado igle- sia; enciérranle en un calabozo; y tras dar- le el Asistente tres horas de plazo para EL PERU ILUSTRADO. encomendarse á Dios, le cuelga, sin más proceso, en la horca. Justicia espeditiva! En vano fué que, en la eapilla, escribie- se Al varez el bellísimo y cristiano roman- ce que así termina: Muera el cuerpo que pecó, pues bien la pena merece; y vaya el alma inmortal á vivir eternamente. En vano todos los poetas sevillanos se arremolinaron pidiendo gracia para su ca- marada, llevando Ja voz el noble y famo- sísimo dramático Juan de la ~ueva, quien presentó al Asistente, por vía de memo- rial, este soneto, ménos bueno que bien intencionado: No dés al febeo Alvarez la muerte ¡oh gran Don Bernardíno ! Asi te veas conseguir todo aquello que deseas en aumento y mejora de tu suerte. El crüel odio en piedad convierte, que en usar de él tu calidad afeas: cierra el oído, ciérralo, no creas al vano adulador que te divierte. De ese que tienes preso, el dios Apolo es solo Juez: no es sufragáneo tuyo: déjalo en libertad: dálo á su foro. Vé que, de hacerlo así, de polo á polo irá tu insigne nombre, y en el suyo Hispalis te pondrá una estátua de oro. El orgulloso resentimiento, la vanidad herida son implacables. El Asistente se mantuvo inflexible, y el poeta Alvarez pe- reció en público y afrentoso cadalso. En cuanto á lo!> versos de cabo-roto, de que él fué el inventor, á pesar del empe- ño de Cervantes por popularizarlos, puede afirmarse que no han hecho P.i harán for· tuna. Nacieron con desgracia. RICARDO p .ALMA. ---- Huamachuco. (FRAGMENTOS.) ¡Oh inspiración! destello misterioso Que desciendes de lo alto de la gloria E iluminando la sombría mente De la extraviada humanidad proscrita, Le traes á la memoria El sublime recuerdo refulgente De su orígen divino, Y le infundes aliento generoso Para sondear, con incansable anhelo, Los profundos arcanos del Destino Y la infinita bóveda del Cielo, ... Tú, que una vez en mi existencia oscura, Me elevaste del Pindo hasta á la cumbre, Donde rodeado de celeste lumbre Y enar<!ecida mi alma con el rayo De tu soplo fecundo, Las glorias celebré del "z de Mayo," Luminoso Thabor del Nuevo Mundo. Haz que en ardiente lava se transforme La sangre de mis venas: Que destroce las bárbaras cadenas Que atan al hombre á la materia inmunda; Con tus torrentes de armonía inunda Mi mente y corazón estremecidos, Que, fuera ya de ese poder caduco Del marasmo y la vil indiferencía, Quiero cantar, con épica elocuencia, La tragedia inmortal de Huamachuco! Ya no de Mayo la b}!íllante auro1 ...' - 3 Saludaré con entusiasmo santo, Porque ella se apagó! Rudo quebranto Sobrevino á la Patria infortunada; La insensata ambición y la anarquía En hor~ible consorcio recorrieron Los campos del Perú, con faz sombría, Y entre ruinas su trono establecieron. La ley enmudeció, y el despotismo Levantó su estandarte ignominioso, Cayó en la noche del olvido eteorno La fecunda enseñanza Que encierra del Callao la alta victoria, Y anularon el Bien y el Patriotismo La indigna farsa y la social escoria. Nada quedó de pié! La Democracia Era solo el escudo que cubría La innoble desnudéz de los malvados'; De mercaderes la insolente audacia, La. apoteósis de histriones coronados. La torpe Envidia en misterioso asecho, Cual inmunda serpiente, Esperaba que el Mérito surgiera Con fé sublime y levantado pecho Para clavarle el ponzoñoso diente! ¡Tremenda confusión! ¡Delirio insano! Los sicofantes, en sangriento coro, Escarnecían el honor peruano Y por saciar sus pestilentes vicios Defraudaban con cínica arrogancia Los caudales del público Tesoro, Mientras el pueblo, con profundas perias, En la noche fatal de la ignorancia, Se agitaba entre harapos y cadenas! ... Mas, la hora siniestra se aproxima De horrenda expiación. La suerte airada Ha levantado su inflexible espada Sobre la vida del Perú. A la s ima Que los malos ahondaron r.on sus vicios, La Patria rodará, de excelsa cumbre, Y desde alli combatirá grandiosa En medio de violentas tempestades, Para ejemplo inmortal de las edades, Como un titán caido Que en su hórrida agonía, Sacude audaz con sus sangrientos hombros De un gigantesco mundo los escombros! Ya los hijos de Arauco, Sedientos de oro y de matanza impía Y vislumbra.hdo perspectiv_as grandes, Invaden en legiones nuestro suelo, Cual tremenda bullente catarata, Que de la eterna cima de los Andes Inundando lo's llanos se desata! En vano el Patriotismo Denodado luchó contra la suerte, Sus angustias ahogando y sus pesares; Persiguiendo del triunfo la esperanza, Los buenos alcanzaron noble muerte, Con fiero arrojo y con afan notorio, En el inquieto fondo de los mares, En los infaustos campos de la Alian.ia Y dé Arica en el Alto Promontorio!. .. En vano el Patriotismo En la arena fatal de las derrotas, El pecho herido y las entrañas rotas, Ardiendo en heroísmo, Volvió á empuñar con v1gor°\ia diestra El hierro del combate; Circundado de escombros y de horrores, Con esp;rntoso estruendo, /,., . - ( (
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