retroceder» (Witt 1987: 315). Otro caso es el de César Canevaro: señaló que los tres batallones de la reserva «hicieron lo mejor que pudieron» (Witt 1987: 316). Basadre transcribe una relación de la época que se refiere al segundo reducto: «Cuando acampamos en él se hallaba a medio hacer; no tenía concluida la trinchera que daba frente a la campaña ni la del costado izquierdo tampoco y en cuanto a la de la derecha solo había tierra y piedras hacinadas en desorden» (Basadre 1983, VI: 237). 335 Pablo Sarria Arana (Lima, 1843) fue vocal del Tribunal Mayor de Cuentas, y ministro de Hacienda y Comercio en 1903. Casó con Elena Arzubiaga Fontane (Jensen 1994: 148). Fue capitán en la tercera compañía del batallón N° 10 de la reserva en la campaña de Lima de 1881 (Ministerio de Guerra 1981: 79). 336 Manuel González de la Cotera murió en Piura el 16 de julio de 1884, «víctima de los disgustos que le habían ocasionado las autoridades iglesistas» (Martin 1972: 78). Witt refiere que La Cotera, luego de la derrota en Miraflores, pretendió «crear una reacción» contra Piérola. Sin embargo, no recibió apoyo alguno, y por ello tuvo que refugiarse en el consulado británico (Witt 1987: 304). En La Patria. Diario de la mañana (8.8.1882) se le menciona con ironía y tono negativo en la llamada «Galería de hombres célebres del Perú». 337 Con Candamo viajaron al exilio Carlos María Elías, Ramón Ribeyro, Pedro Correa y Santiago, el general Manuel González de la Cotera, Isidoro Elías, José Antonio García y García, Ignacio García León y el coronel Francisco García León. Este fue, según José Carlos Martin, el segundo grupo de los deportados (Martin 1972: 13). El primero fue integrado por Francisco García Calderón y Manuel María Gálvez Egúsquiza. Las fuentes disponibles no ofrecen información clara en cuanto a la lista completa de exiliados. En ciertos casos se menciona nombres de personas que finalmente no viajaron. En la prensa norteamericana, concretamente en el New York Herald, aparecen amplias consideraciones sobre lo que denominaron «guerra sudamericana», y sobre el caso de los desterrados en Chile, señalándose que la mayoría de ellos estaba compuesta por civilistas: «De los veinte y tres, los siete señores: Cevallos, Isidoro Elías, Forero, Muro, Melgar, O’Phelan y del Real, se me dice, fueron tomados y deportados, por no haber podido pagar los cupos asignados a ellos por la administración chilena en el Perú; el resto eran pura y simplemente prisioneros políticos; es decir, fueron remitidos a Chile, para impedirles ejercer influencias políticas en su país, o para castigarlos por las que habían ejercitado antes. Unos pocos eran pierolistas, pero la mayoría era de civilistas, o miembros del partido constitucional peruano, y habían tomado parte en la reunión de “notables” convocada con anuencia de la administración chilena (...). Los prisioneros no están bajo llave: por la palabra “prisionero” no debe entenderse que estos caballeros peruanos están presos en cárceles, llevando esposas o grillos y cadenas. Con la excepción de algunos favoritos (como por ejemplo Químper, a quien está obligado Santa María por vínculos de amistad anteriores a la presente guerra), se les manda residir en lugares desagradables, como son: Rancagua, Chillán y Angol, siéndoles permitido andar libres en la población, aunque vigilados. Pueden proporcionarse todas las comodidades de la vida, como alimentos y muebles que se encuentran en dichos lugares, con tal que los paguen de su bolsillo» (New York Herald 1884: 61). 338 Se refiere a los cuatro hijos que entonces tenía: Carmen, Teresa, María y Manuel. 339 En La Patria. Diario de la mañana (16.8.1882), se informa de la llegada a Valparaíso de Candamo, La Cotera y Elías como prisioneros. Se dice erróneamente que 851
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