El Perú desde la intimidad

28 de julio [1875] Señor don Manuel Candamo *** Mi querido amigo: 811 Aunque usted me ha relegado enteramente al archivo de sus recuerdos, no podrá usted evitar el que yo lo tenga presente, sobre todo cuando hay que imponer obligaciones a mis amigos. La ocasión se presenta con motivo de la visita que hace a Lima Francisco Subercaseaux, 812 que por sus condiciones personales, por su posición aquí y sobre todo por las infinitas atenciones que a él y a su señora debo desde mi llegada a Chile, es acreedor a que los [ilegible] del high life de Lima, que a esa condición agregan la más modesta de amigos míos, lo atiendan durante su permanencia en ella y le den testimonio de que en Lima se sabe recibir a un extranjero, y corresponder las atenciones dispensadas a un amigo. Búsquelo en cuanto llegue, [ilegible], convídelo y lúzcale su vajilla de Sévres y la más valiosa alhaja de Teresa, y por no envanecerlo no le digo que también le luzca a la otra alhaja de su suegro, a quien supongo enteramente restablecido de la enfermedad de oídos, que tan prematuramente lo aquejaba. Haré a usted para Ruden igual encargo: dígale que no le escribo porque no me ha contestado una carta de dos pliegos que le dirigí, y que como por lo visto él no tiene más tiempo desocupado que el que tan gratamente para mí me dedicaba, le dedique a Subercaseaux una tarde y me conteste verbalmente con él mi carta pendiente. Sírvase hacer a nuestro excelente amigo Ayulo idéntica prevención, y a la bondadosa Santos: mis amigos de esa están obligados a manifestar que no son indiferentes a las consideraciones que yo he recibido aquí. ¡Así fueran todos los sinsabores que yo les impusiera, de champaña y trufas! Adiós, recuérdeme a todos los que no se hayan olvidado de mí como usted; póngame a los pies de Teresa y créame su amigo afectísimo, M. Pardo 2 de abril 744

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