que dieron por resultado el convenio entre los beligerantes y la elevación de usted. Reciba usted pues mis felicitaciones, y crea que hago fervientes votos para que en el corto tiempo que está usted llamado a dirigir los destinos del país, tenga usted la suerte de establecer sobre base sólida la paz, la tranquilidad y el orden. Pasando ahora a los asuntos, debo decir a usted que he recibido, como ministro, varias cartas de personas serias que conozco en París, y entre otras una del Marqués de Beauvoir, en la que me pide que recomiende a usted la casa de R. Herz & Co., que le ha dirigido un proyecto de empréstito, desde el 8 de abril último. No he querido hacerlo, como ellos lo solicitaban, por telegrama, pues no he encontrado en el proyecto que le han mandado a usted nada bastante positivo, y como conozco cuánto en el Perú se necesita un empréstito, no he querido crear tal vez una ilusión que pudiera desvanecerse. Esos caballeros parten del principio que el empréstito podría colocarse en Francia, con tal de que se cumplan las estipulaciones con la Peruvian; pero yo temo que no estén bien al corriente de la oposición que habrá de parte de Dreyfus, la Société Générale y de todos los interesados con ellos a toda emisión del Perú, mientras no esté terminada la cuestión Dreyfus. Por eso, me limito a decir a usted que por los datos que tengo, considero la casa R. Herz & Co. seria y llena de buena voluntad para hacer un negocio, pero sin atreverme a manifestarle la creencia de que los proyectos de dicha casa sean realizables o no. Es cierto que en este momento hay abundancia de dinero en Europa y que, en general, se juzga que después de la última guerra civil, el Perú va a entrar en una era de tranquilidad y progreso; pero repito, de allí a que se consiga una suma tan fuerte como la que indica la citada casa yo veo una gran distancia. Sobre todo si no están de acuerdo con la Société Générale. Yo temo, francamente, que la buena voluntad para hacer un negocio, que tiene la casa ya citada, se lo haga ver más posible de lo que es en realidad; me cuidaré, sin embargo, de desanimarlos, pero he creído, para con usted, mi deber de peruano, de ministro y de amigo, el indicarle reservadamente mi impresión, sin perjuicio de escucharlos y de fomentarles mismo [sic] el deseo de ser nuestros acreedores. Le agradeceré salude usted de parte de Luisa y mía a su apreciable señora y mande a este su afectísimo amigo y seguro servidor, 684
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