El Perú desde la intimidad

usted de favorecerme con sus cartas. He leído con vivo interés cuanto me dice usted sobre política, y celebro que, después de la última crisis ministerial, haya cesado la inquietud en que estuvieron las Cámaras, el Ejecutivo y la opinión pública durante casi todo el mes de agosto. Creo, como usted, que ciertas prevenciones y preocupaciones son causa de que en el Perú no se juzguen con la serenidad e independencia necesarias las más importantes cuestiones de interés público, y que a este número pertenece la cuestión Dreyfus. Aquí, en Europa, viendo las cosas de cerca, me he convencido de que allá apreciamos comúnmente dicha cuestión con poco o ningún sentido práctico. ¿Pues ahora mismo, a pesar de tantos y tantos meses de estudio y discusión, todavía no asoma en artículos de periódico y aun en documentos serios la peregrina idea de que Dreyfus renuncie a los fallos de Piérola y luego vaya humildemente a someterse a la jurisdicción de nuestros tribunales? Se necesita ser a la verdad muy candoroso para expresar semejante concepto. Estoy sinceramente persuadido de que el único medio de llegar a una solución en este asunto es aceptar, por lo menos en principio, el arbitraje, si tenemos confianza en nuestro buen derecho y no carecemos en materia de cuentas documentos, pruebas, etc., de los elementos necesarios para sostenerlo. Creo que el ir aplazando hoy con un pretexto y mañana con otro, según sospecho que se quiere hacer, la contestación que pide M. Imbert, puede ser ocasionado a los más graves inconvenientes. Harto duda ya el Gobierno Francés de nuestra sinceridad y buena fe, para que acabemos de enajenarnos su voluntad siguiendo la añeja y desacreditada diplomacia de sólo ganar tiempo. Agrégase a esto que ahora es muy de temerse que el gobierno de Santiago, correspondiendo a las constantes simpatías que el de Francia ha manifestado por los congresistas desde el principio hasta el fin de la revolución, tenga todo género de complacencias con M. de Bacourt. Si tales son también sus ideas, me parece que haría usted un positivo bien fomentándolas y sosteniéndolas en los círculos políticos, en los cuales la palabra de usted goza de tanta autoridad y de tan merecido prestigio. He visto que El Comercio, en un editorial, manifiesta dudas sobre los puntos que habrían de someterse al arbitraje. Sin embargo la cosa me parece clara. Esos puntos tendrían que ser y no podrían dejar de ser otros que los que dividieron siempre a Dreyfus y al gobierno del Perú: cuestión cupón, cuestión manipulación, cuestión diferencias de precios, cuestión cambio, 682

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