París, viernes 19 de febrero 1904 Mi querido Manongo: No te escribí el martes pasado, como te lo había ofrecido, porque me aseguraron que las cartas enviadas ese día vía Southampton no llegarían a Lima sino al mismo tiempo que las que salen hoy vía New York. La ceremonia del casamiento de Merceditas resultó muy lucida, hubo muchísima gente en la iglesia, y después para el lunch en la casa. Todo el mundo estaba muy contento, y las felicitaciones de los amigos me parecían muy sinceras. Merceditas es muy popular y muy querida entre sus amigas y la familia del novio, que es muy sencilla y sin pretensión (nada snob), goza de verdaderas simpatías. El padre parece muy inteligente y es de una actividad que me asusta, o mejor dicho, que admiro. A mí que tanto me cuesta emprender el más pequeño viaje, me llena de asombro la facilidad con que ese buen señor se pone en movimiento en todas direcciones para atender a sus importantes negocios. Tiene la reputación de ser rico y generoso, pero no obstante eso, y aun cuando sólo tiene dos hijos, no le ha dado a su hijo en el contrato matrimonial (contrato a la moda francesa) ni un centavo más de lo que yo le he dado a Merceditas. Pero entiendo que el hijo va desde luego a interesarse en los negocios del padre y, como es muchacho serio e inteligente, no dudo que llegará pronto a tener una buena posición propia. Un fotógrafo que fue por su cuenta a la iglesia ha sacado las fotografías del cortège a medida que iba saliendo. No te las puedo mandar hoy porque son fotografías sobre vidrio para esteroscopio, pero trataré de enviártelas por una de las próximas valijas. Así verás a casi toda la familia, pero no me verás a mí ni a Madame L’Eglise, la madre, a quien yo daba el brazo, porque en el momento en que salíamos se adelantó nuestro coche impidiendo así que el fotógrafo pudiera sacarnos. A mí por supuesto no me importó gran cosa ese contratiempo, pero Madame L’Eglise lo sintió muchísimo. Te mando dentro de esta carta una pequeña fotografía de los novios sacada sobre papel del cliché de vidrio. ¡Fíjate en la diferencia de tamaño! ¡Merceditas, que es la que más se me parece de todos mis hijos, es como yo muy pequeñita, y su marido tiene más de seis pies! Merceditas quiere escribirle a tus hijos, pero la pobre estuvo muy ocupada en los últimos días antes de su boda, y ahora se encuentra 617
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