bien sé que, dada la situación en que todavía se encuentra nuestro país, tendrás en ese elevado puesto más sinsabores y preocupaciones que satisfacción y agrado. Pero después de haber intervenido por tantos años y figurado en primera línea en la política, a la que has consagrado lo mejor de tu vida y toda tu inteligencia, y después de haber aceptado la dirección de tu partido no habría sido ni digno ni patriótico abandonar la lucha y ceder el paso a los que bajo ningún concepto te igualaban. No dudo que apoyado como estás por todo el elemento sano del país, concluirás tu periodo brillantemente aun cuando, como es de temerse, te veas obligado a ocuparte durante él de esos dos asuntos tan delicados que desde hace años están pendientes: la cuestión Tacna y Arica y la reclamación Dreyfus. Que Dios te saque con bien. Este año he venido a Biarritz cuatro o cinco semanas más tarde que de costumbre a causa de la enfermedad de Francisco, el menor de mis hijos. El pobre cayó enfermo con escarlatina en el momento más inoportuno: pocos días antes del que habíamos señalado para venirnos y 24 horas antes del día en que debía examinarse de licenciado en jurisprudencia. Como esa enfermedad es tan contagiosa, tuvimos que mandar aquí inmediatamente a toda la familia y nos quedamos con él en París Clotilde y yo. Felizmente ya está del todo bien, pero ha perdido un año de estudios porque aún cuando podría presentarse en octubre, no me gusta acortarle sus vacaciones después de tantas semanas de enfermedad. Tengo que anunciarte la próxima boda de Merceditas, la última de mis hijas. Está comprometida con un joven Jean L’Eglise, hijo del diputado por el departamento de «Les Landes». Tanto Clotilde como yo estamos muy satisfechos con ese matrimonio. La familia del novio es sumamente querida en esta región. El padre tiene grandes propiedades, y a pesar de su riqueza es sumamente sencillo y muy activo y trabajador. Los novios se conocen y se quieren desde hace años y en su matrimonio no ha intervenido cálculo de ninguna especie. C’est un mariage d’amour. No dudo que serán felices. 698 Clotilde me está esperando para acompañarle a casa de la embajadora de España que se llama Mercedes y a quien, según la moda española, es preciso darle los días. Con recuerdos cariñosos para los tuyos, te abraza tu hermano 615
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