El Perú desde la intimidad

sabré a quién dirigirme cuando tenga que cumplir algún encargo del Gobierno. Esto no me gustaría decirlo oficialmente ni escribírselo en carta particular al Ministro porque importaría un compromiso que no quiero contraer, pero si lo crees posible, tú puedes arreglar las cosas de esa manera. Reservado. El otro día tuve la sorpresa de recibir una carta firmada [por] José Salaverry, en que este individuo me avisaba su llegada a París. En ella me decía que no pudiendo vivir con diez soles que recibía mensualmente, había resuelto, de acuerdo con su abuela, emprender viaje para poner esta circunstancia en mi conocimiento; que después de haber pasado muchas penalidades había llegado a Cherbourg con una libra esterlina en el bolsillo, suma que no bastaba para pagar su pasaje a París, pero que ayudado por un pasajero pudo tomar su boleto y llegar a la capital; que allí se había encontrado en medio de la calle con un franco en el bolsillo y sin saber una palabra de francés; que providencialmente se encontró con un negrito que hablaba español y que compadecido de su situación lo llevó a su cuarto; que allí aguardaba que yo le contestara mandándole recursos porque de lo contrario tendría que apelar a la caridad de sus compatriotas, cosa que él creía que no le convenía. Fastidiado con esa carta y sin estar seguro de la identidad de quien la escribía, mandé a París a Schmid, que lo vio en su carácter de adjunto a la Legación, y le entregó por mi orden unos cuantos francos diciéndole que yo estaría en París algunos días después y que lo vería. En efecto, fui cuatro o cinco días después y tuve una entrevista con él en presencia de Zevallos y de Schmid. Le dije que había recibido su carta solicitando ayuda, pero en términos que me impedían acceder a su pedido, y le exigí que se explicara con entera franqueza. Así lo hizo, y yo le contesté de un modo igualmente franco que pareció convencerlo, y me pidió mil perdones por haber estado en una idea equivocada. Le dije que la mesada que se le había dado a su madre y posteriormente a su abuela era como un recuerdo de las relaciones que yo había tenido con su familia, y que esas relaciones habían cesado un año antes de la época en que él dice que nació, lo que es verdad. Le dije que había hecho una cosa muy arriesgada y peligrosa emprendiendo ese viaje sin recursos y sin protección de ninguna especie. Me pidió mil excusas y me rogó encarecidamente que lo mandara de vuelta a Lima. He convenido en ello y regresa a su país por el mismo vapor que lleva esta carta, es decir, por el vapor que saldrá de Southampton pasado mañana. Al principio yo 590

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