El Perú desde la intimidad

nuestros nombramientos. A eso le he contestado como habrás visto en mi carta. Aquello de aceptar el puesto de ministro en Inglaterra estando yo radicado en este país, sería algo más que ridículo. En cuanto a la legación en Francia, que indudablemente me traería algunas ventajas, veo que por otro lado me ocasionaría mil fastidios de todo género, y te aseguro que de veras no sé si la aceptaría en el caso de que me la ofrecieran. Para no aceptar tengo mil razones y algunas de mucho peso, como son, 1º lo poco lisonjero de un nombramiento que tiene por origen la resolución suprimiendo las legaciones por motivos de economía; 2º la incertidumbre sobre el tiempo que uno pueda permanecer en el puesto, que a mi modo de ver depende de la duración de este gobierno; y 3º la casi seguridad de que el secretario que yo designe no será pagado con regularidad, teniendo yo que pagarle de mi bolsillo. Para aceptar no veo sino un aliciente, que es el de las prerrogativas del puesto y la facilidad de adquirir más relaciones de un modo decoroso y casi sin buscarlas. Tú dime tu opinión si te es posible antes de que nada se decida. Pero si la cosa apura y no se quiere aguardar, entonces puedes decirle a Prado con todos los rodeos y buenas palabras que sea menester, que prefiero no aceptar. Recibí las cuentas de Punchauca. 641 No estoy de acuerdo contigo en lo del arrendamiento pues no me parece exagerado. No he tenido tiempo de ver las cuentas porque estoy desde hace días sumamente ocupado con los asuntos del guano y con el dentista en cuyas manos de verdugo me he entregado desde hace quince días, habiendo sufrido las penas del purgatorio. Estoy preparándome para ir a Condé y por el vapor entrante antes de mi viaje te escribiré largo. Muchas cosas a Teresa y cariños a tus hijitas, de tu hermano Carlos *** París, agosto 16 1877 Mi querido Manongo: 559

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