Almorcé en compañía del pobre Lucho Bryce padre, que ha venido a pasar algunos días aquí; está alojado en el rancho de Maúrtua; ayer cenaron los dos y Luchito conmigo. Hoy vino Ribeyro especialmente para hablar conmigo sobre el ministerio; hemos quedado en que dejaremos arreglado el asunto el jueves que yo vaya a Lima, en el sentido de que regirá la primitiva combinación, con exclusión de Manzanilla, que será reemplazado por Eguiguren, caso de que yo no logre que acepte Leguía la cartera de Hacienda, cosa que me parece difícil, por más esfuerzos que haga. Esta tarde di un paseo por el parque con mi compadre, que ya no me deja de la mano; dice que ya está dragoneando de edecán, y con el comandante Maldonado, que había venido en tren de carga para hablar conmigo y que estaba pasteándome en la esquina. Me acompañaron a comer Lucho, Ribeyro y Maúrtua, y la comida no estuvo mala; al menos los invitados le hicieron muy bien los honores. Debo advertirte para tu satisfacción que ayer tomé dos veces los globulitos; la primera chupándolos y la segunda disueltos en agua; hoy los he tomado en esta segunda forma tres veces. No sé si deba atribuir a ellos el excelente estado de salud con que hasta este momento me encuentro. Son las 10 ½ de la noche, y en la sala están esperando que escriba esta carta, mi compadre el edecán y mi ahijado Rivero, que vino esta tarde, también por hablar conmigo. Ya ves que no me faltan visitas entretenidas. Te incluyo una carta para Magdalena y otra para Payán; 624 ciérralas y mándalas inmediatamente a su destino. El jueves me marcho con cama y petacas, y te aseguro que mucho lo siento, porque temo que con ese maldito clima que todavía tenemos en Lima, no me vaya tan bien como con el sol de aquí; pero no hay remedio. Buenas noches y hasta el jueves. Tu C. *** 528
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