si don Vidal a Manuel o el gobierno de Santiago a don Vidal; lo más probable es lo primero, porque es de creerse que a ese gobierno ni le interesa ni le importa que los desterrados peruanos estén en un punto u otro, y las medidas que ha tomado contra nosotros han sido por encargo y ruego de nuestro ilustrado gobierno. Esperaremos, pues, aquí con resignación o sin ella que los acontecimientos o la magnanimidad de Su Excelencia el general Iglesias nos abra las puertas de nuestros hogares. Felizmente estamos buenos y sanos y hoy para salir un día siquiera del fastidioso almuerzo de la fonda vamos a almorzar fuera don José Gregorio García, Correa, Arancivia, Garland y yo. A pocas cuadras de la población hay una casucha de madera, que es un establecimiento de baños de mar que tiene su despacho de licores y allí hemos mandado preparar un almuercito a razón de dos pesos por cabeza, fuera de vino. La cazuela de la fonda me tiene ya hasta la corona y hoy nos regalaremos con una extraordinaria de gallina, buenas ostras, que deben haber llegado esta mañana en el vapor del sur, y algunas otras cosillas, que según promesas del bañero no nos dejarán descontentos. Anoche fui a ver la representación de La hija de Madame Angot. Estuvo atroz, detestable y lejos de pasar algunas horas placenteras, pasé momentos de rabia con la estupidez del público que aplaudía las más groseras payasadas y hacía repetir las mayores tonterías. Acaban de entrar Correa y don José Gregorio y nos dicen que ya es hora del almuerzo. No tengo un apetito digno del almuerzo en perspectiva, pero trataré de desempeñarme lo mejor que me sea posible. Dile a mis hijos que desde el próximo correo les escribiré largamente. No lo he hecho porque estoy instalado con poca comodidad; la mesa en que escribimos Garland y yo es fastidiosa y estoy a salir del paso. Recuerdos a todos y muchos abrazos para ti de Tu M. *** 497
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