escribiéndote estas tristes letras para decirte lo que mi corazón siente y pintarte los rigores de la ausencia que tiene lacerado al de tu amante y afligido esposo. [sin firma] *** N° 169 Por G.R. Chillán, domingo 5 de agosto de 1883 Mi querida Teresa: Al recibo de esta hará días que sabes por la que con fecha de ayer debe haberte escrito Elías de Valparaíso que, debido a los espontáneos esfuerzos de mi buen amigo Macandrew se me ha concedido autorización para residir en ese puerto. Realmente no sé cómo podré agradecer debidamente a ese excelente gringo su afectuoso interés por mí. Probablemente creyó que yo tenía gran deseo de salir de aquí y al saber que Elías se trasladaba a Valparaíso supuso que ese deseo había aumentado, y sin indicación de nadie solicitó de Altamirano, como servicio a él, que se empeñara con el presidente para que se me autorizase a residir allá. El empeño fue tan eficaz que inmediatamente se transmitió la orden por telégrafo al intendente de esta ciudad y el viernes, después de almorzar, antes de recibir la carta de Macandrew anunciándome el paso que había dado y sin conocer todavía su resultado, me mandó llamar el secretario del intendente y me comunicó que se acababa de recibir un telegrama del ministerio para que se me permitiera trasladarme a Valparaíso. Yo no he tenido gran entusiasmo por ir a vivir a esa ciudad ni a Santiago, desde que en nuestra condición no podemos aprovechar de las ventajas que ofrecen, y más bien tienen el inconveniente de que en ellas no se puede vivir con la economía que aquí y se ocupa mucho la gente de los asuntos de política. Si el clima de este lugar me hubiera hecho mal, habría tenido una razón seria para desear la traslación; pero no habiendo sido así felizmente, no veía por qué debía molestar a ningún amigo ni pedir directamente o indirectamente una gracia a los hombres de aquí. Pero ya que el bondadoso Macandrew ha hecho la diligencia por su propia iniciativa y ha obtenido la concesión, aprovecharé de ellas y saldré 414
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