Recuerdos a los suegros, Delfina, cuñados. Cariños a mis cinco y muchos para ti. Tu C. *** N° 165 Por G.R. Chillán, domingo 29 de julio/1883 Mi querida Teresa: El viernes acompañamos a la estación a mi socio507 que partió para Valparaíso, muy contento de salir de aquí. Ayer por la tarde debe haber llegado a Santiago y mañana o pasado continuará su viaje al puerto. En cambio el bueno de don Francisco García León está aquí de regreso de la capital, pues no fue exacto que hubiese sido puesto en libertad, sino que habiendo conseguido el suegro de Cipriano Coronel Zegarra 508 que a Ignacio García se le permitiese residir en esa ciudad, el empleado del ministerio que trasmitió la orden, se equivocó y la comunicó a Angol diciendo que se permitiese ir a Santiago al prisionero peruano García León; lo que le hizo creer a don Francisco que había llegado la hora de emprender la marcha a Piura. Imagínate la cara que pondría cuando el oficial mayor le dijo lo que ocurría. Al día siguiente tomó el tren y ayer llegó aquí en donde continuará residiendo. Lo que es su hermano Ignacio no piensa aprovechar de la autorización que se le ha concedido, porque aquí paga la autoridad sus gastos de hotel y en Santiago tendría él que costeárselos, lo que no le permite su situación. Ya no comemos en este hotel sino Álvarez, Ribeyro y yo. Ribeyro vive en las habitaciones de la casa del frente y Álvarez y yo aquí. Yo ocupo un cuarto y un saloncito más o menos del tamaño de mi escritorio alto de casa, y en una de las esquinas del cuarto de dormir hay un cuartito pequeño. Estoy bastante cómodo, vivo independiente; pero en casa acompañada; conservo al sirviente que es muy formal y honrado, el 410
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