El Perú desde la intimidad

día a día y que si no regresa pronto al Perú, tal vez tendríamos una desgracia. Iba a verle un médico extranjero de ese puerto y con el certificado que expediría o que ya habrá expedido se presentará a Santa María un amigo de este caballero de influencia y prestigio, solicitando la libertad para regresar al Perú del enfermo. Ese mismo caballero parece que ha dicho que se suspendió la autorización que ya está resuelto concederle con ese objeto, porque de Lima telegrafiaron que no era conveniente la presencia de don José Antonio por allá en estas circunstancias. Aquello que contó O’Phelan de que por pedido de Lavalle se había telegrafiado para que nos pusieran en libertad, fue enteramente falso, tal vez una invención del bueno de don Fernando que se le ocurrió para dar un rato de satisfacción a las familias de los desterrados con tan consoladora esperanza. No pensemos ni hablemos por ahora del regreso, que es todavía cosa muy verde, y conformémonos con gozar como hasta aquí de completa salud. Memorias a la familia, cariños a los muchachos y muchos abrazos para ti. Tu M.C. *** N° 147 Por G.R. Chillán, miércoles 27 de junio/1883 Mi querida Teresa: Ayer partió para Santiago don Juan Corrales Melgar, quien espera obtener allí su libertad. Va a alojarse en casa de la señora Villamil, hija del general Blanco Encalada, 488 a cuya influencia se debe esa traslación a la capital. A pesar de la separación de don Juan, nuestra colonia no ha disminuido, porque si él se fue, otro vino y ese otro es aquel oficial Ordóñez a quien tú me recomendaste por indicación de Polita Egúsquiza. 489 384

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