El Perú desde la intimidad

Aceite de San Jacobo. 457 Échale esa, ya que es aficionado a versos y a drogas. De asuntos públicos nada tengo que decirte, nada sé y creo que nada ha ocurrido. Lo que resuelva el Congreso de Arequipa influirá eficazmente en el giro que tomen los acontecimientos, y si se declara, como es su deber, abiertamente por la paz, esta no se hará esperar mucho tiempo. Y no sé cómo, a no estar locos los congresantes, pueda resolverse otra cosa; pero si a pesar de todo saliera con un domingo siete, con ambigüedades y restricciones que hagan imposible la paz, entonces el gobierno de Arequipa con todo su aparato constitucional no duraría mucho, y la mayoría del país se plegaría a Iglesias o a cualquiera otro que con algún prestigio levantase la bandera de la paz. Entonces vendrían bien las combinaciones a que se refería Heeren en esa conversación que tuvo contigo, y de la que me diste cuenta en una de tus últimas cartas. Antes de eso no sería sino embrollar más la cuestión saliendo con una nueva entidad. Lo necesario en la actualidad es fortificar al gobierno constitucional, empujándolo al mismo tiempo para que abiertamente vaya a la paz. Lo que es nosotros no saldremos de aquí sino cuando se firme el tratado o al menos cuando ya se haya convenido formalmente en él. También podríamos salir, tal vez haciendo ciertas declaraciones y contrayendo ciertos compromisos indecorosos para todos y muy especialmente para algunos, entre ellos tu adorado esposo. No hay más, pues, que esperar la paz y tener paciencia, a bien que la cosa ya va para menos. Hasta mañana; me voy à coucher. Memorias a los de tu familia, cariños a mis pollos y para ti. Tu M.C. *** N° 101 Por Correo Chillán, jueves 5 de abril/1883 312

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