El Perú desde la intimidad

corriente más enérgica, pero el doctor sabrá eso y le aplicará lo que sea necesario y mortifique menos al muchachito. Estoy tranquilo por ese lado, y como tus cartas me dan buenas noticias, de tu salud y de la de los otros pollos, me han puesto de muy buen humor; a lo que también contribuye el hermoso día que hoy tenemos aquí, de una temperatura tibia muy agradable, sin viento y con un sol suave. Mi salud es bien buena, como dicen por acá, y puedes estar segura de que no se alterará por falta de cuidados, pues tomo cuantos son necesarios para conservarme en buenas condiciones. Lo que es bañarme, por cierto que no lo hago, y desde que regresé de las termas me he abstenido de hacerlo. Uso ropa interior de lana, inclusive las medias, que he estrenado hoy y que me han costado siete pesos la media docena, lo que es enormemente caro para lo comunes y pobre cosa que son. Me acuesto a las nueve o nueve y media, tomo mi desayuno en la cama y en ella me estoy leyendo hasta las nueve y media o diez en que me echo a vestir y a las once voy a almorzar. El apetito sigue bastante regularmente y el fondero se desempeña satisfactoriamente. El pobre Real murió hasta cierto punto por las imprudencias que cometía. Se bañó estando bien constipado; se levantaba muy temprano y salía, y muchas veces regresando de la calle sudando se descalzaba y se acostaba sobre su cama a leer hasta sin medias. Esas pruebas a su edad en cualquiera parte le habrían hecho mal, y en un clima templado como este y sujeto a cambios de temperatura bruscos, naturalmente tenían que producirle una enfermedad. Aquí tienes al coronel Gómez Silva de setenta y seis años de edad que está perfectamente y no ha tenido sino un constipado recién llegó. Lo fastidioso es el reumatismo; pero cuidándose, usando ropa de lana y tomando un poco de silicicato de soda apenas se siente alguna molestia se puede uno librarse [sic] de él. Yo tuve mis amagos y a los pocos días desaparecieron; en la actualidad no tengo ni el menor indicio y sin embargo tomo unas cucharadas que tuvieren [sic] ese silicicato y alguna otra cosa, como precaución; no son desagradables, no hacen mal de ninguna clase y son un buen preservativo. Francamente, en cuanto a salud yo no puedo quejarme del destierro; no creo que en Lima habría estado tan exento de achaques. Sin embargo no 304

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