El Perú desde la intimidad

También he visto en los partes telegráficos de Iquique que publican los periódicos que en Lima estaban otra vez con los sustos y excitaciones de que Cáceres iba a atacar la capital, y que habían contribuido a alarmar unos carteles que aparecieron en las esquinas incitando al pueblo a que se levante. Siempre las mismas farsas y las mismas tonterías, que no dejan de hacer mal y que tienen a las familias viviendo en constante angustia. El temor que sí tuve y me tuvo algo inquieto fue el de la aparición de la fiebre amarilla. A uno de mis compañeros le escribieron ahora un mes que en el Callao se habían presentado algunos casos en dos buques de guerra extranjeros, y como también se dijo algo en los diarios, temí que realmente ya estuviese la fiebre comenzando a desarrollarse, cosa que por los niños me tenía muy inquieto. Felizmente no se ha presentado tan terrible huésped, y según las últimas noticias el estado sanitario de Lima y Callao no deja que desear. Por acá no hay fiebre amarilla pero hay reumatismo, y aunque es ciertamente cosa muy distinta, no deja de ser una calamidad. Muy pocos aquí se escapan de sufrir de esa enfermedad, y lo que es nosotros no creo que nos libraremos. Ya yo siento de cuando en cuando cierta molestia en los dedos de la mano, un día en uno, otro día en otro, y hoy he amanecido con un ligero dolor en la rodilla derecha. Esto es efecto del clima, y saliendo de aquí en poco tiempo queda uno bueno, sobre todo cuando es una cosa ligera. Yo no tengo todavía dolor, pero esa pequeña molestia que aparece en una u otra articulación proviene indudablemente de un principio reumático. Una broma es este maldito cautiverio y ya está haciéndose muy pesado. Felizmente, es probable que no se prolongue mucho más, porque de un modo u otro, con este o con aquel, la paz debe hacerse en no muy largo plazo. Muchos cariños a los pollos y para ti. Tu M.C. N° 88 Por G.R. Chillán, miércoles 14 de marzo/1883 Mi querida Teresa: 290

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