diez minutos que me hizo sudar a chorros. Así es que en los doce días que he pasado aquí, he tomado cinco de azufre, dos de vapor y cinco de fierro. Lo que me falta es tomar unos treinta o cuarenta de mar en Chorrillos y tomarlos en tu compañía y en la de los muchachos. A este respecto me preguntas en qué se han quedado todas las promesas de llevarte a La Punta, después de la cuarentena, y este punto necesita rectificación. Yo no te hice promesas, sino que te di esperanzas y ambas son cosas muy distintas entre sí. Las esperanzas las sostengo, porque las esperanzas nunca se pierden, según dice un verso de una chilena, como dicen por allá, y de una cueca como se llama aquí. No sé en qué estado se hallarán las negociaciones que se estaban siguiendo en Valparaíso; aquí no he recibido ninguna noticia sobre el particular y ninguna puedo, por lo tanto, transmitírtela. De todos modos, me parece más que probable que no pasemos el invierno en Chile. Es natural pensar que el gobierno desee tener la paz ajustada para el mes de junio, en que se reúnen las cámaras. El mes entrante debe también reunirse el Congreso de Arequipa, 431 y sea que se reúna o no se reúna por falta de quórum, cualquiera de las dos cosas, debe aclarar algo la situación obligando al gobierno a seguir una política bien definida y terminante. Llegar a la paz con Iglesias es lo que me parece menos probable de todo. Puede ser que se instale en Chorrillos y que llegue a tomar cierto aparato de gobierno, pero de allí no pasará, a no ser que por el otro lado se haga lo preciso para desesperar al país y hacerlo que se eche en brazos del demonio. Mi segunda carta por este correo te la dirigiré el lunes de Chillán. Que Dios te tenga en su santa y digna guarda. Recuerdos a la familia, cariños a los muchachos y para ti. Tu M.C. *** 268
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