M.C. *** N° 54 Por G.R. Chillán, enero 13/1883 Mi querida Teresa: Nada de interesante tengo que comunicarte, ni nada bueno ni malo. Sigo bien de salud, lo mismo que mis compañeros con excepción del viejo coronel Gómez Silva que está sufriendo del estómago, y en un hombre de su edad, que es setenta y cuatro años largos, esas indisposiciones pueden ser funestas. Te mando en el paquete de periódicos dos números bastante interesantes del Ferrocarril, el del jueves que contiene un extracto bastante en extenso de una sesión del Senado, y el de ayer que trae un editorial referente al asunto de que se trató en esa sesión. Acaba de estar Lavalle en nuestras habitaciones y nos ha dicho que un oficial de la intendencia estuvo hace poco rato en el suyo por pedir una razón exacta con nombres y apellidos de todos los notables que en la actualidad estamos bajo las órdenes de esta intendencia. Como hace tiempo que, según se nos ha dicho, se está trabajando en Santiago por nuestra libertad, quién sabe si esos datos que han pedido tienen alguna relación con esos trabajos. De todos modos, el gobierno los pedirá para algo, y ese algo no puede ser para empeorar nuestra condición porque no habría motivo, objeto ni razón para ello, y porque realmente no sé cómo podrían empeorarla a no ponernos en una cárcel pública. Pronto sabremos a qué atenernos sobre el particular. ¿Cómo sigues de salud? Espero tu carta que debo recibir mañana y si hasta la fecha de ella no has tenido novedad, quedaré completo [sic] tranquilo respecto a ti, pues ya habrás pasado los días, si no de peligro, por lo menos delicados. Si te contraría mucho el cambio de nombre a Pepe, no lo hagas y déjale su José. No creas que sería para mí una gran mortificación que el 238
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