limitaciones geográficas y culturales. Sin embargo, eso tiene una implicancia mayor: al dejar de lado a los periodistas para explicar lo que está sucediendo realmente, la frontera entre el periodismo y el entretenimiento se vuelve cada vez más tenue, ya que importa más seducir a la audiencia que informar. Así, prima la imagen impactante sobre su valor noticioso. Otro hecho positivo es que la televisión digital terrestre establece un diálogo más fluido con los televidentes, ofreciéndoles la oportunidad de revisar, contribuir y hasta profundizar en un tema a través de chats, correos electrónicos y boletines informativos. El espectador es invitado a contar su historia a través de fotos, videos, tuits, mensajes en Facebook, imágenes en Instagram, videos en Youtube o visitas a sus blogs, con lo que se convierten, incluso, en una fuente de información. A los espectadores se les pide que comenten, participen, cuestionen, voten e interpelen acerca de las noticias o, incluso, que envíen sus preguntas a un entrevistado. Esta participación aún es limitada e incluso puede ser un riesgo, pues la información puede ser tendenciosa y no estar correctamente verificada antes de llegar al aire debido a la inmediatez que la televisión exige. Solo basta recordar las informaciones acerca de supuestos saqueos en diferentes puntos de Lima en octubre de 2012 cuando se produjo la colocación de bloques de cemento en los accesos al otrora Mercado Mayorista de la Parada. Muchas de estas informaciones fueron divulgadas por las redes sociales y recogidas por algunos canales de televisión cuando eran apenas rumores o simples percepciones. Paralelamente, esta convergencia de medios de comunicación, interactividad e hipertextualidad está modificando las formas de publicación de contenidos en internet. Más allá de lo señalado, en la era digital, es necesario reconocer que aún el flujo de información nueva se sigue caracterizando por muchas limitaciones que se manifiestan en las características de los relatos periodísticos audiovisuales. Esto se refleja en el predominio de las grandes empresas que han trabajado en los medios tradicionales, siempre poco creativas para la divulgación de noticias y, en consecuencia, sin nuevas perspectivas para transmitir flamantes realidades, culturas e identidades. Nos damos cuenta de que la cantidad y velocidad del flujo de la información usada por los recursos multimedia no garantizan, por ejemplo, el acceso a la ciencia ni producen una mejor la calidad de los textos. La velocidad del desarrollo tecnológico no siempre está en sintonía con la 153
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