Quizá porque no se producía un cambio tan dramático en nuestra televisión desde el advenimiento de la televisión a colores en 1982, el proceso de conversión está generando muchas expectativas e incertidumbres, y los periodistas no son la excepción. Sin duda, habrá un cambio en la comunicación entre el televidente y la oferta televisiva — incluso los programas periodísticos— y todo indica que esta será bidireccional: «La televisión digital no es apenas una evolución tecnológica de la televisión analógica, sino una nueva plataforma de comunicación cuyos impactos en la sociedad aún se están delineando» (Ferraz, 2009, p. 15). Si bien diferentes formas de interacción han sido probadas en los últimos años en televisión analógica, esto generalmente se produjo de una manera no integrada, es decir, a través del uso de otros medios de comunicación, como el teléfono e internet. Se debe tener en cuenta que la interactividad en la televisión digital tiene una función de utilidad. Esto quiere decir que debe ser útil para mejorar la participación del público en la televisión, lo que permite el acceso a los servicios y hacer una televisión más informativa o de entretenimiento. Otro aspecto crucial es que la televisión digital permite directamente la recepción de los contenidos informativos de los canales desde un dispositivo portátil o móvil. Una diferencia clave de la televisión digital terrestre es su potencial para la personalización, ya que los dispositivos de recepción son para uso personal. Junto a la calidad de los contenidos audiovisuales, la movilidad y la interactividad, es posible imaginar escenarios en los que cada usuario pueda recibir de modo personalizado contenido dirigido a ubicaciones específicas, adaptado a sus particulares preferencias. Por estas razones, la televisión digital representa una oportunidad única para los canales de televisión, pero también un auténtico desafío para los periodistas. La oferta de imágenes y sonido en alta definición —que generan mayor proximidad de lo real—, así como la cantidad de informaciones tornarán más fuerte la competencia entre canales de televisión y, por ende, entre los periodistas por alcanzar mayores índices de audiencia en un universo de televidentes cada más segmentado. La imagen de baja definición, por su propia naturaleza, dejaba espacio más estilizado para las operaciones cognitivas que requieren cierto grado de abstracción. Después de todo, la televisión requiere de una producción ágil, barata, y relacionada con el presente y lo cotidiano. 149
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