El Patito feo
Dos días enteros permaneció allí. Luego vinieron dos gansos silvestres, mejor dicho, dos ánades. Como no hacía mucho que habían salido del cascarón eran petulantes en grado sumo. -Bueno, camarada -dijeron-, eres tan feo que te hemos tomado simpatía. ¿Quieres reunirte con nosotros y ser un ave de paso? Hay por aquí cerca otro pantano, y en él algunas gansitas silvestres encantadoras. Eres bastante feo para probar suerte entre ellas. En ese preciso momento: “¡Bang! ¡Bang!” resonaron dos estampidos en el aire, y los dos ánades silvestres cayeron muertos entre los juncos, tiñendo de rojo el agua con su sangre. “¡Bang! ¡Bang!”, siguieron rugiendo las escopetas, y un revuelo de gansos silvestres se alzó por sobre las cañas, mientras los perdigones diseminaban la muerte entre ellos. Se trataba de una partida de caza, y todo el pantano estaba rodeado de deportistas, la mayoría ocultos entre los juncos; algunos
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