El Patito feo
comida lo hacía a un lado de un puntapié. Hasta que por fin el patito dio una corrida y un salto por encima del cerco, haciendo volar asustados a los pajaritos. “Todo es porque soy tan feo” -pensaba el pobre patito cerrando los ojos, pero sin dejar de correr. Así llegó a un extenso pantano en cuyos bordes y aguas vivían patos silvestres; estaba tan cansado y tan apenado que se quedó allí a pasar la noche. Por la mañana los patos silvestres se acercaron volando para inspeccionar al nuevo camarada. -¿Qué clase de animal eres? -preguntaron, mientras el patito se volvía a un lado y otro y saludaba lo mejor que podía-. ¿De dónde has salido, tan feo? Aunque eso en realidad no importa, mientras no pretendas buscar novia en nuestras familias. El pobrecito no había pensado siquiera en buscar novia. Todo lo que pretendía era permiso para echarse entre los juncos y beber un poco de agua del pantano.
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