Este proyecto político deportivo se caracteriza por desarrollar simultáneamente dos dimensiones. En primer lugar, una de carácter representacional que buscará construir un discurso patriótico que revalore e incluya la cultura de las regiones y la producción nacional, y legitime las políticas de recuperación de recursos naturales (en manos de capital extranjero), a partir de la conquista de logros deportivos internacionales. Logros que se buscará mantener en el tiempo mediante reformas organizativas, legales y simbólicas que gobiernen el rumbo del deporte profesional y, específicamente, del seleccionado nacional de fútbol, uno de los principales instrumentos del proyecto. En segundo lugar, está la dimensión formativa orientada a la educación de nuevos sujetos que se canaliza a través de la masificación de la práctica deportiva. Desde esta lógica, durante el primer quinquenio de la década de 1970 se promovieron activamente nuevas ligas amateur basadas en los centros educativos, los clubes de provincias, los gremios profesionales y los barrios. A diferencia del proyecto leguiista, desde estos espacios surgirán los desafíos al control patrimonial y tradicional de los clubes profesionales. La dimensión formativa incluye además la educación de nuevos sujetos de derechos sociales que surgen del otorgamiento de protección laboral y seguridad social a los jugadores de fútbol profesional; también de la promoción de sus formas asociativas con la expectativa de que el fútbol amateur se desarrolle y rete la dominación limeña. Sin embargo, las prácticas tradicionales, denominadas por el periodista deportivo Carlos «Pocho» Rospigliosi como el «pacto de caballeros», no solo resistieron, sino que encontraron la oportunidad de fortalecerse a partir del cambio de gobierno del general Velasco al general Morales Bermúdez, en la segunda mitad de la década. Definimos el «pacto de caballeros» como la relación de camaradería y confianza que existía entre los dirigentes de los principales clubes deportivos de Lima y Callao. Asimismo, era la dinámica, basada en el común entendimiento, entre quienes asumen el rol del «caballero», personas «decentes» y «notables» en la segunda mitad del siglo XX, pero manteniendo las lógicas del patrón de la modernización tradicionalista de las primeras décadas. El término expresa tanto la afirmación identitaria («el caballero») de un grupo de pares como también una forma específica de relacionarse entre sí («el pacto»), lo que da lugar a una forma de ejercicio del poder que lo diferencia de otras formas posibles de manejar el deporte. En suma, el pacto es el mecanismo a través del cual se concreta la institucionalización 61
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