Lo cierto es que los jugadores necesitaban de los ingresos que generaba el campeonato local para mantener a sus familias. La FPF reaccionó con dureza y señaló que el Club Alianza Lima y sus jugadores tenían una actitud antiperuana, que iba en contra de la Patria Nueva promovida por el gobierno. Por ello resolvió separar a los siete jugadores de Alianza de la selección nacional y suspender al club por un año de toda participación en las competencias oficiales. Incluso, se dijo en forma despectiva que, como eran personas sin educación, no sentían amor por la patria. Lo cierto es que, más allá del ingreso económico, imaginar la posibilidad de que estos jugadores estuvieran por un periodo largo sin contacto con su hinchada, sin renovar el prestigio y respeto personal que habían ganado jugando al fútbol y sin obtener victorias que reafirmaran en un campo deportivo que los pobres también podían ganar era demasiado. Además, los jugadores se quejaron de actos de discriminación y racismo. El diario La Prensa (1929) deslizó la información de que el entrenador de la selección, el uruguayo Juan Borelli, hacía distinciones de raza y posición social entre los jugadores. Borelli también había sido árbitro en el primer clásico y los aliancistas lo acusaban de haberse parcializado con el equipo rival. El 22 de febrero, la Revista Toros y Deporte publicó un artículo titulado «El prejuicio de la raza», en el que se señalaba que algunos exclamaban «¿¡Cómo vamos a mandar un equipo de negros a un campeonato, dirán que somos un país de esa raza!» (citado por Stein, Deustua & Stokes, 1986, p. 156). Un periodista contratado por la FPF para escribir su historia oficial negó estos hechos, aunque sí señaló que una nueva selección nacional fue nombrada durante la presidencia de Mario de las Casas de la Federación Universitaria. Como De las Casas era además jugador convocado por Borelli, tuvo que ceder la presidencia al conocido Claudio Martínez (FPF, 2012, p. 64). Respecto a las sanciones disciplinarias, estas incluían la prohibición a los jugadores rebeldes de jugar en los estadios y campos de fútbol que administraba la federación, y también de cobrar entrada a los aficionados. El presidente del Club Alianza Lima Juan Bromley renunció a la FPF y declaró al diario El Tiempo que la federación «ha fracasado rotundamente y que él ni con su voz ni con su voto ha logrado ni logrará enmendar la senda extraviada». La federación respondió en contra de Bromley y agregó que entre 1928 y 1929 su club obtuvo tanto dinero como la federación, por lo que una situación económica lamentable era inexplicable. 52
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