Club Obrero José Gálvez de la fábrica textil La Victoria, bicampeón 1915-1916, con su padrino benefactor. Colección Aldo Panfichi. Los clubes obreros tampoco escapaban de las relaciones paternalistas con los gerentes que buscaban crear lazos de lealtad con los trabajadores a través del fútbol. El sindicalista Pedro Frías, en una entrevista realizada en 1981, confirmó que los trabajadores de la fábrica de tejidos La Victoria reformaron el Club José Gálvez en mayo de 1907 y su presidente y protector fue Ricardo Tizón y Bueno, gerente de la fábrica y conocido por sus posturas antisindicales. Este personaje consiguió que la fábrica donara los uniformes, las pelotas, los chimpunes (zapatos de fútbol), el local para las reuniones, las jaranas celebratorias y que incluso diera empleos menos demandantes físicamente para los jugadores (Deustua, Stein & Stockes, 2008). Por su parte, el jugador Israel Bravo del Sporting Tabaco, club formado por los trabajadores del Estanco de Tabaco, revela el paternalismo en el fútbol: Llegaba (a las jaranas después de los partidos) el presidente don Juan Carbone. Partidos ganados o perdidos, siempre llegaba él y hacía un aporte para ver cómo nos comportábamos, si había rivalidad entre nosotros. Llegaba un rato, estaba allí, veía y agarraba su auto y decía: «sigan divirtiéndose. Aquí tienen una donación para su cervecita. No se vayan a pasar, mañana a las 7 de la mañana al trabajo». Esa era su palabra, nosotros agradecidos, seguíamos. (…) nos amanecíamos, pero a las 7 estábamos en la fábrica. Él no participaba de la jarana. Él miraba si había 42
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