El otro partido

esta vez critica fuertemente el hecho de que, durante la celebración en Chorrillos de la fiesta de San Pablo, en lugar de un partido de fútbol, como había sido el año anterior, se realizó una pelea de gallos, a la que consideraba una práctica retrograda y bárbara. El artículo termina afirmando: «el espectáculo de la jugada de gallos, ofrecido ayer en Chorrillos es indigno de la cultura de la ciudad». Se la calificaba de esta manera porque, siguiendo a Elías y Dunning (1992), en su clásico libro sobre los procesos civilizatorios, las actividades recreativas que incluyen sangre y muerte (humana o animal) eran consideradas por los modernizadores como expresión de la barbarie y lo incivilizado. Los modernos y civilizados son los deportes, que son representaciones simbólicas no violentas de enfrentamientos y regulados por árbitros y reglas comunes para todos. Por otro lado, la unidad entre deporte y civilización sigue la tendencia internacional sobre el rol del deporte en la sociedad. Luego de la fundación de las primeras federaciones de fútbol en Europa, los migrantes en Latinoamérica, muchos de los cuales se encontraban en las industrias y grupos capitalistas cercanos a las élites, se concentraron en la difusión del deporte entre las clases populares por sus múltiples beneficios socializadores: el deporte distraía a los trabajadores de actividades menos deseables, como las apuestas o la bebida, construía el sentido de pertenencia a una comunidad y promovía la lealtad hacia las compañías que subsidiaban su práctica (Elsey, 2011). Ideas conservadoras que se enmarcaban en el «cristianismo muscular», corriente filosófica inglesa surgida durante la era victoriana y que propugnaba la perfección espiritual mediante la práctica del deporte y la higiene7 (Putney, 2003). En el Perú, la influencia del capital inglés en el fútbol se encontrará en la fundación de algunos clubes, como el Atlético Grau de Piura, creado en 1919 con el apoyo de la Peruvian Corporation8. El 19 de julio de 1919, coincidentemente el año en que se inició el segundo gobierno de Leguía, que luego devendría en el Oncenio, El Comercio insistía en la necesidad de promover el fútbol, al señalar esta vez sus beneficios físicos: Estamos seguros de que si los alumnos de los colegios municipales y particulares se les enseñaba esta clase de diversión [refiriéndose al fútbol] tan varonil, muy pronto la contextura física de nuestros jóvenes variaría por completo; el raquitismo iría en disminución, dejaríamos de ver mancebos de 20 años con el estómago pegado al espinazo y el cuerpo formado en un ángulo de menos de 45 29

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