1962 2 117 546 Balance activo 1970 6 154 810 Balance activo 1974 8 693 166 Balance activo 1982 9 517 920 Ingresos 1986 21 711 797 Ingreso 1990 34 431 371 Ingresos 1994 57 101 510 Ingresos 1998 273 260 900 Ingresos totales Fuente: Homburg (2008, p. 42). Sin embargo, a pesar del crecimiento de los ingresos, la FIFA aún carecía del control político suficiente para que el fútbol fuera parte de su dominio unilateral. Durante 1980 comenzó a perder legitimidad frente a la opinión pública, debido a que no había sido capaz de responder a una serie de desafíos que afectaron su imagen. Asimismo, no pudo responder a políticos corruptos que vieron en el fútbol una fuente para legitimar sus regímenes, como era el caso de las dictaduras militares de Brasil, Argentina y Chile. Tampoco intervino en las relaciones entre clubes de fútbol y carteles de la droga, como en Colombia, y no hizo nada para prevenir que los presidentes de las federaciones nacionales siguieran siendo nombrados desde el gobierno, como en los países del denominado Bloque de Europa del Este (Eisenberg, 2006). Esta situación cambió a partir de 1990 gracias a dos fenómenos. En primer lugar, por una transformación discursiva que permitió sacar a la FIFA de los libros negros de la opinión pública. No asumir posición en coyunturas políticas importantes le estaba costando caro a la gestión de Havelange, pues —en términos prácticos—, a pesar de su apuesta modernizadora, en este aspecto no se diferenciaba mucho de la inacción de Rous. Por eso, al iniciar la década de 1990, se comenzó a observar con mayor seriedad la cláusula de antirracismo de los estatutos FIFA (Eisenberg, 2006; Susa, 2015). Este proceso se consolidó en 1999 cuando se formalizó la creación del Comité de Asociaciones, que incluyó inspectores y tours de inspección. Este comité tenía, además, otra función: analizar las postulaciones de nuevos miembros e intervenir en las federaciones o asociaciones cuando 178
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