audiencias. Después de todo era un sir. El brasileño, en cambio, era dos décadas más joven y provenía del mundo de los negocios. Se presentaba como un exitoso empresario, cuya experiencia emprendedora ayudaría a crear ingresos inéditos a la FIFA y a sus socios. Podía hablar cuatro idiomas y era un hábil conversador. De particular utilidad resultó su manejo del francés para convencer a las naciones africanas francoparlantes (Jennings, 2006). Aunque ambas candidaturas fueron apoyadas por el alemán Horst Dassler, era evidente quién sería su candidato favorito si se quería rediseñar la estructura de la FIFA bajo un modelo de negocio. Al triunfar Havelange, Dassler se convirtió en parte de su entorno más cercano junto con el empresario británico Patrick Nally. Los tres constituirían el triunvirato en el poder de la FIFA. Una de las primeras acciones fue cortar vínculos con los operadores de la gestión anterior. Por ello, Helmut Käser, brazo derecho de Rous, fue presionado a renunciar por su insistencia en respetar los protocolos y «la costumbre», que retrasaban los contratos que la FIFA estaba próxima a firmar sobre la Copa Mundial de Fútbol, especialmente con la transnacional Coca Cola (Jennings, 2006, p. 26). El despido de Käser fue un anuncio temprano de la era por venir, en la cual los contratos dejarían de vincularse necesariamente a protocolos y la distribución del dinero sería la macilla que uniría a todos los miembros de la FIFA, con lo cual quedaría desplazada la «tradición». En reemplazo de Käser, un joven Joseph Blatter asumió la posición de secretario general. Blatter, elegido personalmente por Dassler y entrenado en Adidas, tendría siempre en mente los intereses de la marca de las tres barras (Jennings, 2006). Por su parte, Havelange cumplió con sus promesas. Entre 1977 y 2017, las sedes de las copas mundiales sub 20 estuvieron fuera de la UEFA. Además, la primera gran potencia futbolística en realizar un campeonato de este tipo fue Argentina recién en 1991, luego de 14 años de la primera versión en 1977. La lógica era que países sin capacidad real de hacer una copa mundial tuvieran la oportunidad de organizar una competencia importante (Susa, 2015) y beneficiarse con ingresos por subvenciones — un mundial sub 20 no moviliza tanto apoyo comercial como uno de mayores—. Cuadro 9. Sedes de mundiales sub 20 Año Sede Año Sede 176
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