en julio de 1980 el plantel amenazó con irse150. Lo mismo ocurrió en mayo de 1981 con el Club Sport Boys del Callao, cuyos jugadores no asistían a las prácticas151. En 1983, los jugadores, personal técnico y auxiliar del Club León de Huánuco entraron en huelga por falta de pago en sus haberes de dos meses. Por ello, este club solicitó financiamiento de 2 millones de intis a la asociación para dar un anticipo a sus jugadores y poder continuar con los cotejos de la Liguilla, pero aquella tampoco tenía liquidez suficiente. En el mismo dilema se encontraba el Club Deportivo Junín, aunque encontró mejor respuesta de la ADFP, de la que obtuvo un préstamo para saldar sus deudas152. Esta crisis también afectaba a otras ligas: los clubes que participaban en la Copa Perú estaban en crisis por la baja taquilla para diciembre de 1984 y esperaban la ayuda del Estado153. Por su parte, los clubes de provincia tampoco tenían la solvencia económica necesaria para mantenerse en el nuevo Torneo Descentralizado. Es más, como el campeonato se regionalizó y los clubes de la región jugaban únicamente entre ellos, el público perdió interés, el cual se concentraba únicamente en los partidos de los principales clubes limeños, pero de hinchada nacional. Si bien el certamen reducía los gastos de viajes a los equipos, también disminuía los ingresos por taquilla. Por ende, la lógica fundacional de la regionalización resultó errada. En diciembre de 1986, el mismo año en que el Perú no fue al mundial, el diario La República resumió tres grandes problemas del fútbol peruano. En primer lugar, que los clubes, tanto de Lima como de provincia, no eran solventes y dependían del aporte de un grupo de dirigentes mecenas. En segundo lugar, que el Torneo Nacional era caótico, pues las bases cambiaban cada año, lo que ahuyentaba a los espectadores que no comprendían el sistema, más aún cuando no había baja de categoría para los equipos que quedaban al final de la tabla, sino solo descenso a la liga intermedia o de origen. En tercer lugar, que los torneos tenían malas programaciones porque los delegados de los clubes que iban a la ADFP para las coordinaciones semanales buscaban, sobre todo, sacar ventaja para su club, sin tomar en cuenta el interés general de tener un campeonato ordenado, lo cual perjudicaba a los aficionados154. No obstante, el malestar generado, ni el Estado ni la FPF ni la ADFP pudieron frenar el caos. En 1988, el inicio del Campeonato Descentralizado se retrasó hasta mediados de año. Los clubes en Primera División habían aumentado a 37 equipos, pero solo nueve habían cumplido las inscripciones, 28 no lograban completar su equipo de 11 jugadores, 156
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