El otro partido

acto de sumisión a los términos del nuevo orden vigente que trató de forzar un acuerdo «pacífico» entre los clubes que constituyen la ADFP y la FPF respaldada por el gobierno. Otro importante cambio con la nueva ley se vincula a los derechos de los trabajadores. La Ley de Beneficios Sociales y el Estatuto del Deporte Profesional, ambos promulgados en 1975, crearon un importante marco de derechos para proteger al futbolista, quien hasta ese entonces dependía del buen humor del benefactor. La demora en la implementación de la normativa y los retrocesos durante el gobierno de Morales Bermúdez hicieron que al llegar a la década de 1980 tal ley fuese solamente una buena intención. Eleazar Soria, presidente de la Agremiación de Futbolistas Profesionales (fundada en 1974 e inicialmente dirigida por «Cachito» Ramírez), se quejó un 6 de agosto de 1980 en el diario La República, por la precaria condición laboral de los jugadores. Bajo el titular «Soria: ‘dirigentes engordan con futbolistas peruanos’», subrayó: Para nosotros la agremiación es sinónimo de REIVINDICACIÓN [mayúsculas en el original], porque eso es lo que queremos. Deseamos que al futbolista se le trate como un ser humano. Consideramos que el jugador merece un trato especial y que no se nos considere personas vulgares o simples peloteros. Ahora las cosas han cambiado, el jugador profesional estudia, está mejor preparado intelectualmente. En 1985, la situación había cambiado muy poco. La nueva ley del deporte solo decía que la actividad de los deportistas profesionales se encontraba sometida a la rectoría de su respectiva federación. Peor aún, en el reglamento, los «derechos del deportista» se refieren únicamente a disponer de una licencia con goce de haber en caso de convocatoria a integrar el seleccionado nacional111. Para reemplazar las graves ausencias, la ley crea el primer Tribunal del Deporte con el fin de sancionar las faltas de dirigentes, jugadores, federaciones y otros organismos. Si bien condena el abuso de autoridad, el incumplimiento de funciones y faltar a deberes morales y deportivos112, ningún acápite hace referencia al incumplimiento de responsabilidades laborales. Finalmente, para redondear el control de la FPF, último refugio de los dirigentes tradicionales, el rol de «caballero» quedó oficialmente reconocido. El reglamento de la ley del deporte de 1985 introdujo distintos grados en el reconocimiento del apoyo al deporte a partir de la entrega de los laureles deportivos. Para recibir la condecoración de «caballero», «el 141

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