leyes, cambios organizativos y el cobro de impuestos a los clubes. Los presidentes de la FPF, aunque vinculados al fútbol, eran amigos cercanos a miembros del gobierno, con lo cual se renovó el carácter patrimonial de las designaciones. Estas acciones desataron controversias públicas entre la federación y la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional, que llegaron a reclamar la titularidad de la representatividad del deporte ante la FIFA. Las rencillas generaron constantes cambios de entrenadores de la selección nacional, así como de los miembros de la Comisión Seleccionadora: el resultado fue una débil selección nacional y la falta de renovación de jugadores. La segunda disputa enfrentó a las dirigencias tradicionales limeñas con las nuevas dirigencias emergentes principalmente de los clubes de provincia y de sectores populares, que venían ganando cada vez mayor presencia. Con la descentralización del fútbol en 1965, los equipos que competían en la Primera División pasaron de ser diez clubes de Lima y Callao a catorce, a los que se sumaron cuatro clubes de provincia80. La descentralización se agudizó en 1984 cuando el campeonato se regionalizó y cada año se elevó el número de clubes participantes hasta llegar inclusive a cuarenta en 1989. Mientras los clubes de Lima no querían perder su poder en la ADFP, los clubes de provincia buscaban ganarles los espacios de toma de decisión, hecho que fragmentó la asociación en dos oportunidades (1981 y 1990) y cambió las reglas del campeonato todos los años. La situación se agravaba porque los clubes, tanto limeños como provincianos, dependían de la voluntad de mecenas, por lo que en muchas ocasiones no contaban con el dinero suficiente para pagar la planilla de jugadores, entrenadores y cuerpo administrativo. Así pues, el Campeonato Regional Descentralizado se volvió caótico con tantos equipos en competencia y clubes insostenibles, lo cual bajó la calidad del juego. La tercera disputa ocurrió entre la gestión del peruano Teófilo Salinas como presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (1966-1986) y la orientación de negocio que el brasileño João Havelange, presidente de la FIFA, imprimía al deporte. Mientras Havelange buscaba convertir al fútbol en un gran negocio global, Salinas defendía los intereses regionales y peruanos bajo una lógica patrimonial desde la CSF. El enfrentamiento entre ambos se hizo más fuerte a mediados de los años ochenta y terminó cuando Salinas perdió la presidencia de la CSF en 1986, cargo que asumió el paraguayo Nicolás Leoz. Desde ese momento, los clubes peruanos 125
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