de caballeros», era el indicado para trazar la exclusión de los clubes advenedizos. Aunque, según el artículo 84 del Estatuto del Deporte, Moral estaba impedido de participar por ser presidente de una organización deportiva, el director ejecutivo del INRED Carlos Cobilich modificó el artículo en cuestión. «La ANFP quería el timón de la selección y se le dio», sentencia una columna de opinión de José Olaya en el diario La Crónica en mayo de 1976, en respuesta a los afanes de los clubes provincianos. Ya en la comisión, Augusto Moral (desde la ANFP) y Miguel Pellny (desde la FPF) tratarían de acercar las agendas de las organizaciones que dirigían con el objetivo de consolidar a la FPF como rectora del fútbol profesional. Moral había declarado con anterioridad que el fútbol amateur y el profesional tendrían que unificarse bajo una sola institución, con miras a elevar el nivel de la competencia56. El retorno de la FPF planteaba una interesante coyuntura para fomentar la unificación; una serie de gestos de cercanía iban cimentando esta ruta. Luego de que el director técnico escogido Marcos Calderón renunciara por problemas de salud, y que su reemplazo José Fernández no lograra aplacar las críticas, la FPF intervino para designar un nuevo director técnico: el querido y reconocido Didí. Miguel Pellny anunció la decisión: «La FPF trajo a Didí para arreglar aquí todo lo referente a su contratación» (La Crónica, 27 de mayo de 1976), con lo que resaltó cuál fue la institución responsable del desenlace. Con este episodio, la FPF reclamaba mayor protagonismo en los avatares de la selección a partir de la construcción de una imagen de eficiencia. Al año siguiente, la unión ANFP-FPF conquistaría un importantísimo aliado: el INRED. Los «caballeros» llegaron al Estado con Luciano Cúneo como nuevo director general del INRED y con Miguel Pellny como director ejecutivo. Ambos ex dirigentes de clubes limeños contaban con una larga trayectoria de colaboraciones que cimentaron los lazos entre el INRED y la FFP, con lo cual se desplazó paulatinamente a la ANFP. El problema del financiamiento de los clubes, una agenda propia de la ANFP, fue asumido directamente por el INRED en la ruta por excluir a los clubes provincianos. El INRED y la FPF abogaron por la exoneración de impuestos de EPAPRODE, la empresa del Estado que organizaba apuestas sobre espectáculos deportivos y canalizaba el dinero a la subvención de los deportes57. En virtud de estas negociaciones, el INRED otorgó un préstamo de 8 millones de soles a la ANFP, monto que sería distribuido 104
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