El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
68 La tarde del 16 de noviembre de 1532, diez mil abuelos nuestros —hombres, mujeres, ancianos y ni- ños— fueron asesinados en la plaza de Cajamarca con el pretexto de un libro arrojado al piso: el libro arribó a nuestra tierra como un cartero del infortunio. El cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala cuenta que el fraile español Vicente Valverde se acercó al Inca Atahualpa y lo instó a que se sometiera a su dios y a su imperio, que lo que él creía era cosa de burla; Atahualpa le respondió que no tenía por qué adorar a nadie sino al sol, que nunca muere, y preguntó quién le había dicho todo lo que estaba proclamando. El fraile contestó que se lo había dicho el libro. Entonces dijo Atahualpa: «Dame el libro para que me lo diga». Y ansí se lo dio y lo tomó en las manos, comenzó a hojear el dicho libro. Y dijo el Inca: «¿Cómo es que a mí no me lo dice? ¡No me habla a mí el dicho libro!». Hablando con grande magestad, asentado en su trono, el inca Atahualpa arrojó el dicho libro de las manos. Entonces fray Vicente dio voces diciendo: «¡Sal- gan, soldados, contra estos infieles que están con- tra nuestra fe y nuestro rey!». Y así comenzaron y dispararon sus arcabuces y dieron la escaramuza y los soldados mataron a los indios como hormigas y de espanto...
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