El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
59 por un lado, el cambio climático ambiental y, por otro, el pavoroso cambio climático mental. Ha pasado casi medio siglo desde que Suecia presen- tara la preocupación por la lluvia ácida y la contamina- ción por pesticidas y metales pesados en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Hu- mano: el desenfreno industrial de la posguerra occiden- tal ya no podía ocultar las agonías de la tierra. Como era de esperar, los pobres fueron acusados de ser causantes de la destrucción. A ellos debía capacitár- seles en el consumo balanceado y la competencia mo- derna. Y hoy por hoy, Sudamérica tiene uno de los nive- les más altos de deforestación, por ejemplo, con cuatro millones y medio de hectáreas al año. Los organismos oficiales calculan que casi dos millones de toneladas de carbono se emiten anualmente a la atmósfera debido al cambio en el uso de los suelos. Esta no es solo una pe- sadilla amazónica: de los 800 millones de hambrientos que pueblan el mundo, 50 millones están en América Latina. Y la paradoja cuenta que mientras el 11% de la población mundial se muere de hambre, otro 13% sufre de obesidad. La palabra contaminación alcanza su máxima sig- nificación en la especie humana, porque, en latín, contamināre equivale a ensuciar, contagiar, corromper, pervertir. Y el diccionario señala que es «Alterar nociva-
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