El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
58 — Vea que a mí me gustaría conocerlo — afirmó el campesino. — Pues venga conmigo — le dijo el rey —: lo voy a lle- var donde él se encuentra. Cuando lleguemos, va usted a ver que todos se descubren, menos uno. El que no se descubra, ese será el rey. Así que fueron los dos al encuentro de los otros. Cuando les vieron llegar, todos se descubrieron, y el rey preguntó al campesino: — Entonces, ¿ya sabes quién es el rey? — La verdad es que no estoy seguro — le contestó el campesino—; no sé si el rey es usted o yo, porque so- mos los únicos que estamos con el sombrero en la ca- beza. Tenía que recordar este cuento cuando pensaba en la percepción que tenemos de nosotros mismos como seres humanos, como latinoamericanos, como bibliote- carios. Pero pensando también en aquello que reveren- ciamos y fortalecemos: si es la investidura o la esencia, si es el título o el mérito, si es la fachada o la hondura. No es una duda liviana para los tiempos que corren, sobre todo si andamos debatiéndonos en medio de dos aterradoras catástrofes que terminan siendo una sola:
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