El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

44 sentido en la búsqueda, su motivo esencial desde el alma propia y desde la de aquellos que, aún sin libros viven, todavía sueñan y aún pelean. Tal vez es cierto, también, aquello de que el hombre solo puede ver su reflejo en el agua cuando se inclina sobre ella. La fragilidad de lo rústico El diccionario dice que la palabra rural viene del latín rurālis , que significa «campo». Precisa que también sig- nifica «basto, ordinario y sin arte. Descortés, que no observa decoro ni urbanidad». En otras palabras, la gente del campo somos una manga de morondangas, por decir lo menos. No importa si con nuestro trabajo cotidiano abas- tecemos las mesas de las naciones; no importa si somos herederos de las culturas criadoras más extraordinarias del planeta; ni siquiera cuenta si somos el «folclor» del país ni los que hacemos sonreír hasta a las guanábanas pese a las penurias. Nada de eso cuenta. En el campo no se ostentan los más altos índices de delincuencia ni de suicidios. No fabricamos tanques ni depresiones, no hemos roto la capa de ozono ni hace-

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