El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
28 los indios que quedaron huérfanos de todo, a partir de la existencia de documentos administrativos y judiciales que les iban negando, paulatinamente, su capacidad de existir y de seguir gestando su propio rumbo. Lo que falló en Cajamarca, en aquel noviembre de 1532, no fue la palabra escrita ni la palabra hablada: falló una forma de concebir la comunicación respecto a los otros, la concepción que rige el uso de las palabras y sus intenciones en función de los otros humanos y de los otros mundos. Pero estos sucesos no eran nuevos; de muchos modos se hallaban marcados por históricas diferencias sustan- ciales del desarrollo de las civilizaciones. El 17 de abril de 1492 fueron firmadas las Capitula- ciones de Santa Fe, documento suscrito por los reyes de España y Cristóbal Colón, en el que a este se le nom- braba «almirante y virrey y gobernador general en todos los territorios que descubriera o ganase durante su vida, nombrando como herederos a sus sucesores de forma vitalicia» (también se le concedía un diezmo de todas las mercaderías que hallase, ganase y hubiese en los lugares conquistados. Estas Capitulaciones están firmadas por Luis de San- tángel, escribano de ración de los reyes (algo así como un antecesor de ministro de economía), y otros comer- ciantes que financiarían el primer viaje de Colón y que
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