El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
26 Y señala también que cuando «vino el rey universal y emperador de aquellos reinos, que se llamó Atahualpa, con mucha gente desnuda y con sus armas de burla, Él no sabía cómo cortaban los espadas y herían las lanzas, ni cómo corrían los caballos». Nosotros no creemos que haya habido repulsión por parte de los andinos respecto a la presencia del libro o la palabra escrita. En los sucesos del 16 de noviembre intervinieron otro tipo de motivos que desencadenaron los hechos tal como los conocemos. Es más probable, incluso, que Atahualpa haya arrojado el libro contra Valverde y no a la tierra. Igual, es de suponer, le hubie- ra arrojado un pergamino, una tablilla o lo que fuere, dadas las circunstancias. Pero, al fin y al cabo, con libro o sin libro arrojado al suelo, igual se habría desatado la masacre. Es más, Atahualpa y los comuneros de entonces no eran los únicos para quienes el libro resultaba un ele- mento ajeno: empezando por Francisco Pizarro, el jefe de los asaltantes, casi todos los españoles que lo acompa- ñaban tampoco sabían leer ni escribir. El cronista Gar- cilaso de la Vega, al respecto, relata un incidente muy decidor: Atahualpa, como se ha dicho, fue de buen ingenio y muy agudo. Entre otras agudezas que tuvo, que
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