El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

17 nada que no tenga personalidad y compostura, no hay nada que no comparta la misma sustancia que a todos hermana; no hay nada que no participe de la fértil vida comunitaria. Así puede comprenderse también por qué en las co- munidades donde se instalan las Bibliotecas Rurales de Cajamarca, a los libros se les llama «compadres» y por qué se les considera herramientas que participan de los trabajos en los campos. Esto significa, sobre todo, haber logrado engarzar el libro —durante tanto tiempo un depositario ajeno de conocimientos también ajenos—, con las potencialida- des y demandas de los que no suelen tener la sartén por el mango (y muchas veces ni la sartén). Pero a esto no se llegó con una receta de desarrollo ni con un proyecto preconcebido desde afuera o elucu- brado desde premisas académicas en boga: este ha sido y sigue siendo un largo proceso comunitario de construc- ción y de deconstrucción basado en las propias expe- riencias y en los propios saberes de la propia gente en las mismas comunidades. ¿Quién puede saber más del hambre sino aquel que la padece? ¿Quién puede testimoniar mejor los sueños sino el que sueña? ¿Quién puede saber más de la tie- rra sino aquel que no ha perdido la filiación con ella?

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