El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
16 do, vio unas papas con los ojos lastimados, un maíz que se quejaba de haberse quedado cojo, una hoja de hierba llegó quemada, una golondrina llegó llorando y un ár- bol también llegó arrastrando su pena. Eso era lo que el abuelo de don Dionisio recién podía ver en el cielo, pero era lo que pasaba aquí en la tierra. Entonces Dios le dijo: —Ahora te curo y te vas por un tiempo. El abuelo despertó recordando todo lo que había visto en sus sueños. Y entonces aconsejaba a todos que debíamos tratar a la tierra y a todo lo que vive en ella con la mayor delicadeza, y que no debíamos botar los granos o los frutos al camino, porque los atropellan y los revientan y después se van llorando a Dios. Un sueño así no solo es un sueño. Tampoco es el sub- producto de una sociedad animista y no puede enton- ces relegarse divertidamente al desván de lo folclórico o lo costumbrista. Esta es una prodigiosa locura que no merece ser instruida ni encerrada, y es precisamente su anclaje espiritual con la tierra el que ha hecho posible su permanencia. Alguien decía que los mundos de pueblos diferen- tes tienen formas diferentes. Solamente así puede com- prenderse por qué en las comunidades donde vivimos todo goza de los pálpitos del ánimo, todo vive y no hay
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