El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
134 Porque los afectos y sus manifestaciones no tienen que seguir siendo sinónimos de atraso ni las antiguas sa- piencias emanaciones de ignorancia. Tenemos que dejar de ver el llamado animismo como una graciosa conce- sión humanizante hacia la pobre y desvalida naturaleza: si ella no fuese quien es, nosotros no seríamos quienes somos. El gran problema es que —en los tiempos que van— también nos están arrancando las páginas de la comarca. No solo se están descuajando las páginas de este libro prodigioso que es la tierra, sino que, como autómatas, pasamos a hablar el idioma de la ausencia, de la mudez, de la premura, de la querella. Y este «desvínculo» no es de índole metafísica: a me- diados de octubre de 2016, la FAO emitió un informe en el que estima que para el año 2030 podría haber en- tre 35 y 122 millones más de personas sumidas en la pobreza como consecuencia de la destrucción ambien- tal. Y a fines de ese mismo mes, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) lanzó la alarma de que la vida silvestre en el mundo se ha re- ducido en un 58% desde 1970. «Las principales causas —señala este informe— son la actividad humana, como la ocupación del hábitat de las especies, el comercio de animales silvestres, la contaminación provocada por las
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