El libro entre los hijos de Atahualpa : la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
126 éramos los olvidados: solo estábamos inéditos. Que lo importante no es que otros nos olviden, sino que noso- tros no debíamos dejar de recordar. Hay una memoria insepulta que nos mantiene des- piertos, una obstinada evocación que nos instiga a so- brevivir. Es esa remembranza, la sedimentación de los caminos y de los sentidos, la que nos han mantenido vi- vos. Por eso la invasión se empeñó tanto en confiscarnos la historia, para que dejáramos de ser nosotros mismos. La erudición comunitaria, la memoria colectiva, las tradiciones orales, así como sus maneras de ser transmi- tidas, no son una expresión de la cultura sino la cultura misma, el universo de las experiencias y de las emocio- nes. La cuestión no es únicamente cómo recuperarlas y potenciarlas, sino cómo evitar la ausencia de sensibili- dad respecto a su primordial importancia en la comuni- cación y la convivencia. Pero —como suelo insistir— no se trata solo de hon- rar con el respeto la herencia de los abuelos y las odiseas de quienes nos antecedieron, sino de sentar las bases que nos permitan un conocimiento real y soberano de la memoria, evitando así continuar con la monserga co- lonizadora con que suele describirse la historia. Recuperar la huella colectiva, tanto en su sentido cultural como histórico, no significa hacer un recuen- to secuencial de los acontecimientos, sino preservar la
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